Almagrama

Tecnologías de los perdidos

 

—¿Por qué quiere usted operarse, señora Almeida? —preguntó el cirujano a Elena, sentada frente a la mesa de su despacho. Era una joven alta, delgada y fuerte, con mucho cabello y profundos ojos verdes.

—Por mi matrimonio. Él lo intenta, pero…

—Pero usted no tiene la culpa.

—Bueno, también por mí. Me siento muy pesada. Es agotador.

—¿Duerme usted bien?

—Perfectamente.

—¿Ha probado la hipnosis?

—Si acaso agravó el problema.

—¿Terapia cognitiva?

—Muchas veces.

—¿Pastillas?

—Funcionan tres días y luego el efecto desaparece.

—El efecto de la operación es permanente. Debe usted darse cuenta de que es irreversible. No hay vuelta atrás.

—Eso es precisamente lo que quiero, doctor, no volver nunca más atrás.

—No puedo garantizarle que en algún momento no vaya a tener otros déjà vus.

—¿Como el de ahora? —Elena se rio nerviosa y se reacomodó tensa en la silla.

—Por lo general, ya le digo, los recuerdos que no son suyos desaparecen. Casi por completo. Podrá viajar con su marido a sitios que no conoce, disfrutar de conversaciones nuevas y ver películas por primera vez. Presumo que eso es lo que busca.

Elena se rozó la frente con la punta de los dedos.

—Ni me imagino cómo puede ser olvidar lo que va a pasar.

El médico llamó a la enfermera.

—Almagrama —le dijo cuando asomó la cabeza por la puerta.

Elena acompañó a la enfermera a una pequeña habitación muy fría. Se desnudó por arriba y se tumbó en la camilla. Cuando la embadurnó con el gel brillante Elena sintió un vértigo en el estómago.

Al rato volvió a la consulta con su almagrama bajo el brazo. Se lo dio al médico y se sentó.

El hombre estudió la imagen unos segundos y luego la puso sobre la mesa girándola hacia ella. En medio de su vientre había una bola de luz.

—¿Es esa mi alma?… ¿Y todas esas manchas?

El médico la miró con piedad.

—Reencarnaciones. Efectivamente, su alma es muy vieja.

 Cogió un rotulador azul del lapicero.

—Podemos recortar de aquí, aquí y aquí —dijo, pintando varias zonas con líneas discontinuas—. Estirar de allí, borrar esto, rellenar aquel surco, elevar esa caída, succionar de la izquierda y remodelar por completo el hemisferio derecho. Tras unos días de inflamación tendrá un alma nueva.

La intervención duró doce horas.

Elena amó su nueva alma. Su nueva alma no amó a su marido.


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