Llovieron relojes

Crónicas mínimas

Se trajo con él todos los recuerdos que pudo, y en su pueblo alquiló una casa con jardín, como tantas veces había soñado.
Al día siguiente comprobó con estupor que no conocía a nadie. No había calles, ni plazas, ni niños jugando.


La tierra y su olor

Crónicas mínimas

Sin querer he pensando en los amigos que marcharon prematuramente: Josep Lluís, Roser, Enrique, Domingo, Montserrat… También en mi madre, que murió con 99 años. Ahora, atemperado el dolor, pienso que es una cifra bonita.