Velas

Rincones oxidados

Mientras amanecía de mentira, se sentía culpable y dejaba desembocar, sin pudor, los riachuelos sucios de lágrimas entre las manos.


Aguacero

Rincones oxidados

No pudo evitar que la orina tibia se le derramara a chorro por los muslos, escociéndole en los cortes, encharcando el suelo y repicándole en los tobillos amoratados.