Camas de sangre y ramas

Rincones oxidados

—¡Oiga! Hay una chica herida en el camino, no está bien, ¡Dios mío, nada bien! Y un hombre en el suelo, creo que está muerto… no, no, ¡seguro que está muerto! ¡Dios Santo, qué carnicería! Por favor, que venga alguien, por lo que más quiera…


Comerte toda

Rincones oxidados

Nunca había leído una conversación ajena y aquella tuvo que leerla varias veces, como una párvula que resigue los renglones con los dedos, para dar crédito a lo que veían sus ojos. Era algo tan impropio, ruin e improbable que se quedó helada.


Velas

Rincones oxidados

Mientras amanecía de mentira, se sentía culpable y dejaba desembocar, sin pudor, los riachuelos sucios de lágrimas entre las manos.


Aguacero

Rincones oxidados

No pudo evitar que la orina tibia se le derramara a chorro por los muslos, escociéndole en los cortes, encharcando el suelo y repicándole en los tobillos amoratados.