Sequía

M de Mirinda

Solo queda un último cartucho: buscar depósitos olvidados, panzas de agua enterradas, y hacerlo con una parsimonia que es en realidad cansancio dulce o la asimilación por ósmosis de lo palmario.


Entrañar

M de Mirinda

Destripado el cojín, la bolsa intestinal, el reloj de muñeca o un terso tomate, es luego imposible recolocar lo extraído en el recinto originario.


La costra

M de Mirinda

Una vez arrancada con las uñas, la costra, excrecencia gruesa y vagamente humana, salta en el aire y, hecha mota volandera, desaparece en el caos.