El turismo y Dios

Perplejos en la ciudad

Un día quise hablar con Dios, cara a cara, sobre algunas cuestiones terrenales y otras espirituales. Fui a visitarlo a las iglesias que tengo más cerca de casa, que son unas ocho o nueve. En todas ellas me decían que Dios no podía recibirme, que no estaba disponible, que estaba muy ocupado recibiendo a multitud de turistas.