Testimonio
Animados por un reputado y prestigioso filósofo nos reunimos un grupo de personas para escuchar una conferencia sobre la verdad en la filosofía griega. En principio no parece complicado, la verdad es la verdad, según y cómo, claro, porque en este según y cómo veremos cómo tenemos que proceder.
En principio, y para no liarnos mucho, podemos decir que la verdad puede ser única o varias. Si nos contamos las personas que estamos reunidas en esta conferencia, y somos treinta, esa es una verdad única e incuestionable para todos los que sepan contar y razonar, y se supone que todas las personas que asisten a estas conferencias lo saben hacer. Si a continuación preguntamos si hace frío o calor posiblemente habrá varias verdades según las personas que contesten, ya que la temperatura que apreciamos puede variar según la constitución física o el estado de salud en que se encuentre cada uno.
Otra cosa de la que hablamos (estamos aquí, varios, charlando después de la conferencia), es de que la verdad también tiene que ver con el objeto o el asunto al que nos referimos. Alguien dice que la función crea el órgano, como si el órgano fuera una creación de la verdad, pero creemos que no tiene nada que ver con lo que estamos hablando. O sí. Otro dice que un amor es verdadero si cumple con las características que se le supone, generosidad, entrega, cariño… y si no es así dice una palabra que no transcribo para no dañar la parte sensible que tiene este artículo. Una putada, dice. También abundando en esta teoría alguien dice que un coche es verdadero si nos puede transportar, función para la que ha sido inventado, y si no tiene ruedas o no nos sirve para esto es directamente chatarra o un objeto de decoración.
Y ya que estamos hablando de filosofía una integrante de la improvisada tertulia menciona a Wittgenstein y nos recuerda una de sus frases más conocidas: “de lo que no se puede hablar hay que callar”. Y no estamos de acuerdo, claro. Y alguien remacha que Wittgenstein estaba equivocado. Si todo el mundo le hiciera caso retrocederíamos en el conocimiento muchos siglos. Y la mayoría de los filósofos griegos habrían permanecido callados. Porque del no saber puede aparecer la verdad con el diálogo y el intercambio de opiniones.
Ahora me viene a la cabeza que dicen que los romanos llamaron Caledonia a Escocia por la abundancia de pinos caledonios en esa región. Un nombre no puede ser verdad ni mentira, es un invento, y sólo es verdad cuando es asumido por todo el mundo. Y algo así pasó con el nombre de América y Américo Vespuccio. Mentiras que se convierten en verdades.
Salimos con más dudas de las que teníamos al entrar y no debería ser así, la verdad tendría que generar certezas y no dudas. Y lo de Caledonia no está claro.
BERNABÉ SANTIAGO Y AMIGOS, diletantes