Exhumación poética de “Calle de las Tiendas Oscuras” (Patrick Modiano)

Gabinete de labios periféricos

 

Al fin y al cabo, si nos fuera concedida la posibilidad de recordar todo aquello que hemos olvidado, ¿es tan seguro que aceptar fuera la opción más conveniente? Los buenos momentos olvidados que podríamos revivir, ¿compensarían aquellos olvidos que por nada del mundo quisiéramos recordar? 

Patrick Modiano

 

Esta cita inicial permite conocer de la mano del autor el leitmotiv de su corpus literario: la memoria, la reconstrucción del pasado, los indicios fugaces del recuerdo, la búsqueda de la propia identidad. La edición de mi gabinete está traducida por María Teresa Gallego Urrutia y descansa al lado de otro artífice del recuerdo, WG Sebald. Oportuna la imagen de la portada, una fotografía de Eugène Atget, que fue el fotógrafo del París que desaparecía a principios del siglo XX. París, donde Patrick Modiano ha fijado su vida y su obra, una ciudad que es personaje y paisaje interior esencial de su narrativa.

Calle de las tiendas Oscuras está protagonizada por Guy Roland, un hombre de unos sesenta años amnésico que, habiendo abandonado su trabajo en una agencia de detectives privados, investiga su pasado para saber quién es en realidad. Mediante una estructura de novela negra, Modiano escribe capítulos parcos en extensión que, como breves fogonazos de recuerdos, acompañan al protagonista en su investigación. El lector deberá seguir junto al protagonista unas pesquisas a menudo confusas, que dejan en el recuerdo la marca de una niebla resistente a disiparse.

En la vida de Modiano destaca una infancia carente de afecto, puesto que tanto su padre (un empresario viajero) como su madre (actriz siempre de gira) acostumbraban a dejarlo largas temporadas, junto a su hermano que murió a los diez años, al cuidado de amigos y conocidos siempre distintos, siempre extraños. Dice Modiano que en esos largos períodos alejado de sus irresponsables progenitores aprendió a mirar; que allí se forjó su estilo. Afirma que, de hecho, siempre está escribiendo el mismo libro; que la obsesión por recabar datos y huellas de personas proviene de aquel sentimiento infantil de abandono y ausencia.

En el instituto tuvo de profesor a Raymond Queneau (cofundador de Oulipo) quien fue después decisivo para que Modiano publicara su primera novela (La Place de l’Étoile, 1968) en la prestigiosa editorial Gallimard (donde sigue publicando), lo que supuso su profesionalización definitiva a los veintitrés años.

Para exhumar el poema, acudiré a la fisiología cerebral, que nos indica que la estructura denominada Hipocampo es la responsable de la gestión de la memoria (y por tanto, del olvido) así como de la orientación espacial. Parece pues que esta zona del cerebro está estrechamente relacionada con la obra de Modiano (los recuerdos y los caminos para llegar a ellos). Recibe su nombre por su aspecto que se asemeja al del caballito de mar (género Hippocampus), del cual el Registro Mundial de Especies Marinas contempla 54 especies. Por tanto, la traba para exhumar el poema será el número 54. La suma de sus cifras (9) coindice con la primera página de la novela. De allí tomaré el título del poema (de hecho, las tres primeras palabras de esta) y de sus múltiplos, un verso hasta completar un poema de  22 (9-18-27-… -225).

 

No soy nada

Nunca había venido aquí.
Me recordaba algo:
un paso de peatones
en silencio,
la avenida de New-York,
una morena de ojos claros.

Me fijé en que el techo…
¿Quién soy?
¿Por qué soy tan tímido?

A lo mejor
fue en el bar de un hotel
escondido detrás de las cortinas,
zapatos de dos colores
quieto como un maniquí de cera
para salir del paso.

Un domingo diferente,
acuérdate.

Pegué la frente al cristal
cruzando los suburbios
por la noche
hace unos años
por delante de su ventana.


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