La poesía es de homosexuales

La sombra liberada

 

Lo cuenta Roberto Bolaño en el primer capítulo de Los sinsabores del verdadero policía, una novela que partió de la voluntad de marginalidad y terminó en los estantes de las librerías cultas. Dice Bolaño: La novela es, generalmente, heterosexual. La poesía, en cambio, es absolutamente homosexual. A continuación el escritor chileno y catalán, que escribió poesía antes que novela, elabora una lista de escritores de poesía que clasifica entre estas varias corrientes de la homosexualidad: maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos. Luego están las combinaciones de estas categorías, de modo que Borges, por ejemplo —dice Bolaño—, podía ser de improviso maricón y de improviso simplemente asexual.

Me pasó lo que le podría pasar a cualquier lector atento: me estremecí. Temí ser fileno por lo menos, ya que escribí varias poesías hasta los 17 años, más o menos. A esta edad gané un concurso de poesía en el instituto. Añadiré, con cierto rubor, que en el mismo certamen literario también gané un premio de narrativa (con un cuento que plagiaba a uno de Lovecraft, un narrador que podría ser tildado de fileno sin grandes esfuerzos). A la misma edad llegué a finalista de un premio poético convocado por la parroquia del barrio. No lo gané, sin embargo —y ahora lo celebro en nombre de mi virilidad—. No lo gané porqué el jurado seleccionó a tres finalistas, leyó las tres poesías en un acto público y el público votó. Ganó una poesía piadosa, escrita por una muchacha de pelo largo, lacio y rubio que respondía al nombre de Montse. Montse tocaba la guitarra en la misa de los jóvenes, los domingos a las ocho. No creo que Montse fuese (sea, si es que vive —y espero que así sea—) lesbiana, pero no lo puedo negar categóricamente. Si mal no lo recuerdo, una vez le eché los tejos a Montse la guitarrista y ella me dio calabazas sin piedad cristiana alguna, pero de esa anécdota no se puede inferir nada más que mi torpeza y mi poca fe.

Algunos años más tarde, yo me había inclinado por la narración de forma indudable y sin fisuras que comentar, pero tenía un amigo poeta con quien solía debatir sobre Mallarmé, Baudelaire, Verlaine y Lautréamont. Yo solo había leído algo de Rimbaud, y solo los textos en prosa del francés que se perdió en Abisinia. Nuestros debates eran, en realidad, largos monólogos por su parte. Por aquel tiempo, yo me había agenciado a mi primera novia formal, una chica rubia y muy mona que detestaba las tonterías y amaba el cine de terror visto desde la última fila, las partidas de billar y los negros muy grandes que juegan al baloncesto. Mi amigo poeta también era amante del billar. Era amante del billar y no tenía novia ni se le conocía amiga íntima alguna, de modo que, durante una partida de billar entre los tres, intentó birlarme a mi novia formal.

Mi amigo el poeta le dijo a ella que no hacía bien yendo conmigo, y que más le valdría liarse con un tipo como él. Al pobre poeta amigo le salió el tiro por la culata: ella se partió de risa contándome la situación aquella misma noche, tras retozar conmigo en la cama de sus padres. Sus padres (su padre y su madre) se habían ido al apartamento en Vilasar de Mar. El acecho de mi amigo el poeta excitó la libido de mi joven novia de modo que, gracias su ocurrencia, pasamos una noche muy feliz.

Años más tarde supe que mi amigo poeta había obrado de igual modo con el resto de las novias de sus amigos, y que siempre obtuvo el mismo resultado que consiguió conmigo. Solo hay un caso que parece dudoso, aunque uno se inclinaría por obviarlo dadas las circunstancias: el chico se encamaba con todas y la novia oficial lo descubrió. En venganza, divulgó la aventura de una noche con el chico de las poesías. Nadie se creyó jamás esa aventura.

Nadie creyó jamás en la versión de la mujer engañada porqué por aquel entonces mi amigo poeta estaba ingresado en una clínica psiquiátrica de la provincia de Gerona, consecuencia de unos delirios graves. Le visité cuando ya le habían dado el alta y había recuperado una cierta normalidad, y había logrado el estatuto de discapacitado español, una categoría de veras envidiable que le permitió llevar una vida bastante buena dentro de lo lo que cabe. A día de hoy, mi amigo poeta es un independentista catalán furibundo que escribe poesías nacionalistas. Yo cambié varias veces de pareja, abandoné la prosa, volví a ella, me hice pintor, volví a la prosa. Hice todo lo posible por evitar la locura y la poesía.


Comparte este artículo