—Hola.
—¿¡Qué haces aquí!?
—Vengo a hacerte compañía.
—¡Sal! Estoy aseándome.
—Me llama la atención que siempre te lleves la ropa al baño. ¿No es más cómodo vestirte en la habitación?
—¡No lo puedo creer! ¿Vas a dejar que me bañe a solas o no?
—Tranquila mujer… Te estoy haciendo compañía.
—Nunca en mi vida he dejado que nadie entrara al baño mientras me aseo y a ti por lo visto te da igual lo que te diga. Es mi intimidad.
—Respeto tus intimidades, pero ésta quiero que la compartas.
—¿Y si yo no quiero?
—Te perderás tener un cómplice en el baño.
—¿Lo hacías con todas?
—No, nunca lo he hecho.
—¿Y ahora porqué lo haces?
—Ya te lo he dicho, porqué quiero ser parte de tu intimidad.
—Ya voy a salir y ya me has visto en mi intimidad, ahora puedes irte.
—No estás bien desenjabonada.
—¡Lo que me faltaba!
—Todavía tienes espuma en el cuello y en el hombro derecho.
—¿Me das la toalla?
—¡Deja de mirarme así!
—Y tú de cubrirte con la toalla como si hubiera algo que desconociera.
—Me estás mirando con lujuria.
—Te estoy mirando como un pintor mira a su musa.
—Me miras como un pintor mira a una modelo con la que desea acostarse.
—Modelo no, musa
—Musa… Ajá… La que quieres retratar y luego acostarte con ella.
—Acostarse es muy cursi. Pintarte y follarte.
—Eres muy gráfico tú…
—Soy pintor, no poeta.
—¡Vete!
—No te enfades.
—No me enfado, pero eres un grosero.
—Y tú una dama… Por las mañanas.
—¡Grosero!
—No quiero ni pensar lo que se te ocurrirá hacer mañana.
—Enjabonarte, lavarte el pelo, enjuagarte bien y secarte.
—¿Y luego?
—Invitarte a un helado.
—¿En invierno?
—Sí, de vainilla.
—¿Y también me follarás?
—Eres una mal hablada, límpiate la boca.
—¿Mañana me harás el amor en el baño, señor educado?
—El amor te lo estoy haciendo desde que he entrado en el baño.
—¿Ahora ya eres poeta?
—No soy ni pintor ni poeta, soy músico.
—Tú lo que eres es un loco con muy poca vergüenza.
—Los locos no nos avergonzamos y decimos las verdades.
—¿Qué verdad me quieres decir?
—Que quiero que te encierres conmigo en mi jaula.
—¿Y si yo no quiero estar encerrada contigo?
—Me haré un tatuaje en el pecho que diga que eres una mala mujer y me arrancaré la camisa para que todo el mundo lo vea.
—Pásame el perfume.
—Todo el mundo sabrá lo mala que eres.
—Mi perfume no; el tuyo.