Cabezas de hidra

Oscuro, casi negro


Me despiertan mis sueños. Combinaciones extrañas dentro de un caleidoscopio de fantasmas que cambia cada día. Mi inconsciente se convierte en un tumulto de historias cruzadas. Gente que murió hace muchos años, o vivos a los que no veo desde fechas que ya ni recuerdo. Estoy allí como Josef K en El proceso, un espectador resignado. No es que sean sueños desagradables, sino que no ayudan en nada y no sé dónde me llevan. Estoy en un limbo sin gracia que no puedo evitar. Al despertar no recuerdo los hechos y solo me queda una frase girando en mi cabeza: “Pero yo no soy culpable. Es un error”.

Me levanto algo mareado y miro el calendario de pared con las notas de citas médicas que nunca recuerdo. Mañana análisis, marcadores hepáticos, hematocrito, colesterol y demás chivatos de mi mala vida. Mi médica me va a matar. Ni he dejado de beber, ni he adelgazado un kilo y sigo fumando diez cigarrillos al día que ni me apetecen. Paseo por la casa, levanto las persianas y salgo a la terraza. El sol ya de verano duele al mirarlo. Siguiente parada: cuarto de baño. Nada cambia. Solo mi imagen ante el espejo. La barba crece y me da un aspecto de vagabundo perdido dentro de mi propia casa. Café y galletas Gullón. Pongo la radio, Hoy empieza todo, en Radio 3. Una pequeña ironía. El cielo de mayo hoy es de color azul Klein y las chumberas de mi terraza sacan espinas nuevas. La soledad ha logrado parar el tiempo y las ilusiones.

Las mujeres que me hicieron creer en el amor son las únicas que permanecen vivas en mi mente como tatuajes invisibles, como un grafiti sin contornos definidos en el que todas son la misma mujer, como una hidra de cuatro cabezas que vigila la entrada a mi infierno particular. Sus cabezas cortadas lucen como recuerdos imposibles en la pared invisible de mi inconsciente. El amor solo es un pacto que nadie cumple. Bueno, tengo que dejaros si es que aún seguís leyendo. Me voy a La Fe (los nombres de los hospitales deberían reconsiderarlos: La Fe, La Esperanza, El Consuelo, La Salud) y si me salen bien los análisis volveré a buscar fe, esperanza, consuelo y salud en lo que me quede de vida.

(Fotografía del autor)

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