(Cuento infantil importado desde Argentina y especialmente dedicado a los pibitos muy sensibles).
Un pollito muy, muy chiquito, recién roto el cascarón del huevo (con perdón de la palabra) se encontraba en el nidito calentito en compañía de sus hermanitos. Viendo que mamá pajarita y papá pajarito volaban para traerles sabrosos gusanitos, pensó que quizás él también podría volar y se puso a batir las alas procediendo a saltar desde el nido y yendo a parar al suelo totalmente nevado (porque era en invierno, ¿vale?).
Una vez en el suelo le entró la angustia existencial y supuso que en poco tiempo terminaría muriéndose de frío. Y fue en ese preciso instante que pasó por allí la vaca Aurora y le garcó[1] encima.
Metido en la boñiga calentita el pajarito muy chiquito se sintió reconfortado y de puro contento se puso a piar: pio, pio, pio, ♫♪♫
Quiso la mala suerte que en ese momento pasara por allí, muerto de hambre, el gato Felix, quien, al oír el musical gorjeo del pajarito chiquito, metió la zarpa en la montañita de bosta y en un santiamén se mandó al buche al pajarito chiquito.
¿Qué enseñanza puede extraerse de este cuento argentino para pibes argentinos y de otras latitudes? Pues nada menos que tres. Tres enseñanzas en forma de moraleja.
MORALEJA Nº 1: No siempre el que te garca resulta ser tu enemigo.
MORALEJA Nº 2: Cuando estés metido en la mierda mantén el pico cerrado.
MORALEJA Nº 3: A veces quien te saca de la mierda termina siendo tu enemigo y acaba garcándote o algo peor.
[1] Garcar: metátesis de cagar, expulsar del cuerpo las heces de la digestión.