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Jerry y Merge Selbee: la pareja que se hizo millonaria al descubrir el ‘secreto’ para ganar loterías.
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La lotería es una forma de entretenimiento, emoción, suspense y reflexión. Su presencia en la cultura popular y en la vida social es innegable. Economistas clásicos como William Petty, Adam Smith y Alfred Marshall afirmaron que las premisas de la ciencia no servían para estudiar el comportamiento de las personas que juegan a la lotería ya que se guían por formas irracionales como la excesiva confianza en la suerte, la emoción del juego o la falta de conocimiento de las probabilidades de obtención de premio. A ello se añadía que el trabajo, y no el dinero, debe ser el fundamento de la prosperidad. Pero lo cierto es que la utilidad obtenida por jugar es en principio el placer o la diversión, que es mayor que la obtenida por no jugar, fruto de la emoción que sienten las personas al apostar. Es una actividad que escapa a la racionalidad económica, a la teoría de juegos y que procura pingues ingresos al Estado al repartir menos de lo que se ingresa. Los premios además se sujetan a la fiscalidad. Es probablemente el único caso de pago al Fisco que se hace con alegría, descorchando cava.
La lotería es un acontecimiento social. Los sociólogos sostienen que jugamos no porque vayamos a ganar —no pueden ganar todos—, sino porque nos gusta hacer cosas en grupo, un comportamiento gregario. Se juega en compañía o se socializan las apuestas a través del intercambio de participaciones. Jugamos mucho por una multitud de factores: por imitación, por temor a que les toque a nuestros compañeros y no a nosotros, por no haber comprado el mismo número de lotería, por lealtad a la peña, al grupo, sindicato, asociación, falla, cofradía, y por impulso. Y sobre todo porque para la mayoría de los que apuestan es una de las pocas formas legales de hacerse rico. Se ha estudiado incluso por Fundaciones de Economía Aplicada el destino de los premios: tapar agujeros, invertir en activos inmobiliarios y financieros, en vivienda habitual y fondos de inversión, en cancelar deudas. El premio parece animar a los sujetos a contraer matrimonio, pero no a poner fin al mismo, tener hijos o cambiar de municipio de residencia.
La lotería está plagada de fenómenos curiosos como la falacia del apostador o falacia de Montecarlo, por la que se presume que los hechos del pasado afectan a los del futuro. La tendencia a escoger los números de participación de forma consciente y no aleatoria es un ejemplo de lo que se denomina “selección consciente”: los jugadores se decantan por unos números preferidos, la fecha de nacimiento, el número de piso de su vivienda o el número que luce en su equipo, por citar algunos ejemplos. Luego entran en juego otros elementos, a veces supersticiosos, como el número que ha aparecido en un sueño. Conozco un caso real de una mujer que trabaja en una casa de comidas para llevar que soñó con un número, faltaban pocos días para el sorteo, lo buscó por innumerables tiendas de loterías, pero no lo encontró. Y resultó el número premiado. El número más utilizado por los jugadores en la lotería es el siete, no solo en España, sino también en Reino Unido y Francia. También está estudiado el efecto “llamada” de la tienda ganadora, como Doña Manolita y La sort.
La lotería en el cine
Pero la lotería es más que un sorteo de números. A lo largo de la historia ha sido el tema central de películas, series y obras literarias. Las historias sobre personas a las que les toca la lotería y sobre cómo manejan su nueva riqueza y fama han sido un tema atractivo para reír, llorar y reflexionar sobre la importancia del dinero y la suerte, para dar lugar a planteamientos morales y personales y para observar cómo el dinero así obtenido cambia la vida de las personas.
Un primer cambio en las personas puede producirse cuando el apostante al comprobar que le ha tocado la lotería le da un infarto por el impacto emocional y muere sin más y sin familiares. Los que descubren lo que ha ocurrido se plantean entonces qué hacer, una cuestión moral. En Despertando a Ned (Waking Ned Devine) (1998) una excelente película irlandesa, que se desarrolla en el idílico y tranquilo pueblo de tan solo 52 habitantes de Tullymore, uno de sus habitantes, el anciano Ned Devine, muere de un infarto al enterarse que ha ganado el premio de la lotería. Los habitantes del pueblo llegan a un pacto: hacerse pasar uno de ellos por el fallecido como si Ned aún estuviera vivo para poder cobrar el premio y repartirlo entre todos los vecinos. En la película francesa de cuatro episodios La suerte del ganador (2024) (Hereux Gagnants) el fallecido por infarto es una persona mayor que vive en una residencia de mayores, lo que descubre parte del personal médico y auxiliar, que se encuentran ante el mismo dilema. No obstante, a diferencia del film irlandés, el francés añade a la cuestión moral la de la maldición que va a caer sobre los defraudadores.
La suerte de la lotería altera y complica la vida a los agraciados. Así, empiezan a temer que les puedan robar el décimo premiado, a verse acosados, o chantajeados por deudas de sus familiares —como al final de la citada La suerte del ganador y en La calle 29 (1991)—, a que todos los amigos y vecinos les pidan favores, ahora que son ricos, que quieran casarse con ellos por mero interés. No siempre es fácil mantener el anonimato. Así en el film Lottery Ticket (2010) y en Si yo fuera rico (2019) todo cambia cuando, inesperadamente, a los protagonistas les toca la lotería. Otras veces con ocasión del premio de lotería puede que salgan a la luz datos privados o secretos como en el sainete español Villaviciosa de al lado (2016), en el que los hombres del pueblo a los que les ha tocado la lotería no pueden cobrar el décimo porque no quieren que sus mujeres descubran que el boleto ganador está vinculado a un club nocturno local de alterne. Otras veces se plantean dilemas morales y decisiones cruciales cuando una persona se encuentra con un billete de lotería premiado que no es suyo (Finder’s Fee, 2001) como en los films sobre personas que encuentran mucho dinero en la basura (Un millón en la basura, 1967) o un maletín lleno de dinero (Dinero por Nada, 1993).
Un simple billete de lotería tiene el poder de explorar los confines de nuestra psique, a cuestionar la esencia de nuestros anhelos y a reflexionar sobre nuestras aspiraciones y temores, el valor de la riqueza y la trascendencia del destino, una nueva vida transformada por la suerte (así, por ejemplo, Bienvenida a mi mundo, 2014, y la serie Kucky, 2013). El billete de lotería (1887) de Antón Chéjov muestra cómo aflora lo peor del ser humano en el episodio de un matrimonio que cree que ha ganado el premio de lotería.
La lotería ha sido siempre un juego de suerte, no de azar, pues no se puede manipular o intervenir. Pero ya históricamente Voltaire, que jugaba mucho a la lotería, en 1727, junto con algunos amigos, entre ellos el matemático y autor de Edipo, Charles Marie de la Condamine, ingenió una vía rápida que sacaba provecho de los defectos de la lotería que estaba en marcha en la Francia de la época. Todo gracias a un error legal. Esto se ha vuelto a repetir cuando se han empezado a aplicar por algunos matemáticos algoritmos y otros cálculos muy sofisticados en algunos casos reales como el de Jerry Selbee, un jubilado que junto con su esposa Marge, desarrolló una empresa en la que participó prácticamente todo el pueblo con el fin de ganar dinero jugando a la lotería. En esa historia real se basa el film La fórmula ganadora de Jerry y Marge (2022). Y también el caso del economista rumano Stefan Mandel, que tras inventar un algoritmo ganó 14 veces la lotería. Ahora vive en una isla paradisíaca como en esos finales felices de atracadores que han tenido éxito. Como el protagonista del film Lucky Numbers (2000) del género de delincuentes, típico de la cultura americana y sus valores, que lleva a cabo un plan para manipular el sorteo de la lotería.
Estos ejemplos pueden llevar a presagiar que tras la Inteligencia artificial con sus algoritmos y una nueva forma de delincuencia la lotería tenga las horas contadas. Pero todavía no para estas Navidades.