Un dedo entre las páginas de un poemario: El Greco en Boston

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                                          La mano delicada marcando con un dedo
                                              el pasaje en el libro…
Luis Cernuda, Retrato de poeta


En el Museo de Bellas Artes de Boston se exponen distintas colecciones de pinturas; en la sección  de Arte Europeo se encuentra un lienzo de El Greco realizado en 1609: el retrato de Fray Hortensio Félix Paravicino, poeta y amigo del pintor.

¿Cómo llegó ese cuadro a Boston?, ¿qué hace una pintura de Doménikos Theotokópulos en esa ciudad tan lejana? No lo sé, a estos interrogantes deberían responder los expertos o especuladores de arte que vendieron el lienzo. En todo caso centrémonos en la singularidad de ese retrato del siglo XVII al que Luis Cernuda dedicó un poema de ochenta y dos versos: Retrato de poeta

Fijémonos en el macrocosmos del retrato: la figura de Paravicino ocupa un amplio primer plano con el fondo neutro con imprimación rojiza.  Su cara es afilada y armoniosa, con profundos ojos negros y una punzante mirada. Va vestido con el hábito blanco y negro de su Orden y la cruz roja y azul en su pecho. Destaca el cuero del respaldo de la silla y los tonos claros y oscuros. 

Y ahora fijémonos en el microcosmos del lienzo: cómo coge con la mano dos libros y cómo introduce sus dedos estilizados de la mano izquierda en las páginas del enorme misal y en las de un pequeño libro superpuesto; son dos libros que simbolizan dos mundos: el sagrado y el profano. Paravicino tenía una biblioteca en su celda que era visitada a menudo por sus amigos, como Góngora y el mismo Greco; los libros y la poesía hacían de vínculo entre ellos. En ese microcosmos del retrato, el pintor quiso mostrar el amor de Paravicino por los libros. 

Luis Cernuda, exiliado en América, escribió el poema Retrato de poeta en 1950 tras ver la pintura de Paravicino en el Museo de Bellas Artes de Boston y lo publicó por primera vez en la revista habanera Orígenes (1953); sus versos son un ejemplo de écfrasis, es decir, de descripción poética de una obra de arte visual y a la vez de poesía de la meditación para reflejar su doliente soledad en el exilio:

¿También tú aquí, hermano, amigo,
Maestro, en este limbo? ¿Quién te trajo,
Locura de los nuestros, que es la nuestra,
Como a mí? ¿O codicia, vendiendo el patrimonio
No ganado, sino heredado, de aquellos que no sabenQuererlo?
Tú no puedes hablarme, y yo apenas
Si puedo hablar. Mas tus ojos me miran
Como si a ver un pensamiento me llamaran.

En estos primeros versos, el poeta se reconoce de manera desdoblada en el lienzo mismo como objeto y en el sujeto retratado, en otro poeta. En los versos meditativos posteriores Cernuda establece relaciones entre el ahora y el pasado, entre la presencia y la ausencia, y con el uso del apóstrofe, del “tú”, desvanece la barrera entre los dos sujetos, dando la impresión de presencia, a la cual tiende toda écfrasis. 

Y ahora volvamos al microcosmos del lienzo en los versos del poeta sevillano:

Amigo, amigo, no me hablas. Quietamente
Sentado ahí, en dejadez airosa,
La mano delicada marcando con un dedo
El pasaje en el libro, erguido como a escucha
Del coloquio un momento interrumpido…

Cernuda era un amante de los libros, como Paravicino, y cuando leo los versos meditativos de Retrato de poeta me pregunto por qué en sus ochenta y dos versos no ahondó más en el microcosmos libresco del lienzo; por qué en su écfrasis no dijo algo más sobre el libro pequeño superpuesto marcado con un dedo…: ese librito profano pintado por El Greco tiene todo el aspecto de un poemario, pequeño como aquellos libros de poesía que se leían en bibliotecas del Siglo de Oro y que algunos todavía se conservan en diferentes bibliotecas de España.