Inmaculada Torrella, sacerdotisa y actriz porno

Vidas ejemplares

 

Inmaculada Torrella, de nacimiento Isabel Jiménez de Castro, llegó al mundo en el paisaje ocre de Puertollano, Ciudad Real, al lado de la central térmica. La fecha del natalicio parece ser 1969 y, a pesar de la apariencia nobiliaria del segundo apellido, era hija de ferroviario pobre y ama de casa miserable. Sin embargo, gran parte de sus datos biográficos son dudosos, cuando no deliberadamente oscurecidos por una mano siniestra cuya propiedad intuyo pero no revelo, ya que no lo puedo demostrar.

Sospecho que su padre vendió a Isabel a una familia catalana acomodada: la del Barón de Grau, que vivía en el palacete de San Ferriol. El barón no podía concebir y parece ser que simularon el embarazo de la baronesa: inscribieron a la niña como hija natural y no quedó constancia de la venta en ningún documento. La venta le costó la vida a su progenitor: cuando la madre se enteró del asunto (el hombre se fundió el dinero en los prostíbulos cercanos a la planta térmica en un fin de semana) le asestó un cacerolazo y lo echó ventana abajo, desde una altura de cinco pisos. Un hermano de la madre, Antonio de Castro, Guardia Civil en Almodóvar del Campo y novillero de joven, testificó y exculpó a la acusada. Se abrió una investigación por la desaparición de la niña, pero el expediente se cerró un año más tarde tras concluirse que el fallecido había pagado sus deudas narcóticas con la mafia albanesa mediante la entrega de Isabel.

Una vez en San Ferriol, creo que Isabel fue rebautizada como Inmaculada Torrella. Tomó el apellido de la madre adoptiva, Elisenda Torrella, esposa del noble Grau. Sacó buenas notas tanto en la escuela primaria como en la secundaria y se licenció en ciencias políticas, tras lo cual ingresó en el Partido Nacionalista. Fue comisaria de la exposición del Organum Cultural La resistència obrera i la resistència nacional: una sola resistència. Fue candidata a diputada regional pero no obtuvo el escaño por escasos votos. Después de eso, Inmaculada Torrella se desvanece.

Hasta dos décadas más tarde, cuando encontramos una novela firmada por Inmaculada Torrella que tuvo más de 200 ventas entre los círculos nacionalistas de su región: En Ferran fa les Amèriques, (Cucurella i Torra, editors, 2002) fantasía delirante en la que la autora proclama que Hernán Cortés se llamaba en realidad Ferran Cortès, catalán de pura cepa oriundo de la villa leridana de Balaguer y primo segundo de Gaspar de Portolà para más señas.

Algunos de sus lectores creyeron en la fantasía de Inmaculada. Ella vio la oportunidad y reveló ser  descendiente de Cortés y de una princesa mexica. En 2005 se presentó en las redes sociales como sacerdotisa azteca, ocurrencia que le granjeó amistades y grandes beneficios, en especial entre el feminismo de raíz anticapitalista y de rentas altas. Se compró un chalé en Begur y se separó para siempre de su familia adoptiva. En la población de la Costa Brava organizó una comuna que aunaba a budistas, queers, neoliberales, seguidores de Zizek, independentistas catalanes, creacionistas y terraplanistas. Fue entrevistada dos veces por el canal de la televisión regional, y en ambas ocasiones insistió en ser sacerdotisa azteca y del racionalismo verdadero. La aparición televisiva le granjeó una popularidad fulgurante pero breve. Algunos la recordarán, sin duda.

La brevedad de la fama le sentó mal, y quizás por eso produjo y protagonizó dos cintas pornográficas siendo ya una mujer madura: Les independentistes calentes y Big Splash In the Catalonian swimming pool, junto al reputado actor Rocco Siffredi. Las dos cintas tuvieron una gran aceptación entre el público.

Inmacula Torrella apareció muerta en un solar de las afueras de Vidreres, la única población de la comarca catalana de La Selva en la que hay una plaza de toros. La encontraron con tres banderillas taurinas, mortales de necesidad, clavadas en el tórax y justo encima del corazón. Se acusó del crimen al Guardia Civil retirado Antonio de Castro, que fue exculpado en un juicio rápido: tal como se acreditó en la vista preliminar. Antonio se encontraba por aquellas fechas en Isla Mujeres (Cancún, México), en un resort propiedad del emprendedor catalán Julián Gaspart y en compañía de María Pilar Ferrussola. La judicatura citó al actor Siffredi, que no se presentó.