Carta a una dama desconocida

Las ciruelas tibias

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¿me permite señora?

soy su amante

el de las tardes de lluvia

el que usted no conoce

 

el que la ve pasar
con su paraguas azul
y su mirada
como pensando en mí

ay ojalá

el que cree que es usted distante
lejana
difícil
y quizás un tanto orgullosa

pero noto
que después de los aguaceros
se calman sus ojos

y apenas
sonidos de labios sin palabras
asoman
y me colman

yo soy mayor
y tengo el pelo cano

déjeme contemplarla
cuando escampa
y se refleja en las aceras
su figura y su andar
de dama mojada

y con eso
tan sólo con eso
mi amante difícil
me alcanza y me sobra
para andar escribiéndole

suyo para siempre
un poeta romántico

 

Fotografía de Jaluján.


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