Jimmy Scott, vocalista frágil

Casa de citas

 

Hoy les propongo una cita con Jimmy Scott, el cantante de jazz que murió en junio del 2015, a los 88 años de edad, sin apenas conocer el éxito. Alguien que soportó una vida difícil, rozó el cielo con sus canciones y no se ufanó por ello; un hombre, quizá un ángel, afligido por las circunstancias, que confió en el paso del tiempo y cifró su futuro al azar, que tuvo que existir resistiendo porque recibió malas cartas en el reparto inicial. Esta es la historia de Jimmy Scott, el cantante de voz frágil y conmovedora.

En opinión de Doc Pomus, autor de cientos de canciones de éxito, Jimmy Scott fue el mejor cantante de baladas que haya conocido el mundo del jazz. A su favor hay que anotar una voz tierna y turbadora: Jimmy Scott tenía un registro muy alto que avivaba emociones. Quien haya escuchado sus discos clásicos, desde Falling in Love is Wonderfull (1962) a The Source (1969), entenderá de lo que estamos hablando. Pero quien conozca, además, la discografía de sus últimos años, tras esa sorprendente recuperación para el mundo de la música que significó All the Way (1992), reconocerá que Jimmy Scott supo aprovechar las imperfecciones de su voz para aumentar el impacto emocional de sus canciones. Escuchar la voz de un envejecido Jimmy Scott consigue estremecernos todavía más.

Jimmy Scott comenzó a cantar profesionalmente en los años cuarenta. Sin embargo, el éxito no le alcanzó hasta cincuenta años después, fruto del azar. Jimmy Scott tenía sesenta y siete años cuando cantó en el funeral de Doc Pomus. Aquel día, la vanguardia neoyorquina y un grupo de roqueros influyentes (Elvis Costello, Nick Cave, David Byrne, Bruce Springsteen y, especialmente, Lou Reed) se dejaron seducir por el extraño aspecto y pedigrí de Jimmy Scott como baladista: un tipo de color, pequeño, delgado, nervioso, algo cojo y estrábico, pero dueño de una voz cautivadora que enternecía a la audiencia. Seimour Stein, director de Sire Records, le escuchó cantar Someone to watch over me y pensó que nadie en el mundo podría hacerlo de manera más conmovedora.

A resultas de ese encuentro, David Linch le contrató para el último capítulo de Twin Picks y para la banda sonora de Fire Walk With Me (1992); Lou Reed le metió en los coros de Magic and Loss (1992); el cineasta James Foley le llamó para interpretar un tema de Glengarry Glen Ross (1992) y un entusiasmado Seimour Stein se comprometió a financiarle un álbum con opción a cuatro más, ofreciéndole un importante anticipo por el contrato. El álbum fue el ya mencionado All the Way (1992), el primer éxito de Jimmy Scott en más de cincuenta años de trayectoria.

Jimmy Scott había nacido en 1925, en el seno de una familia de color, con madre complaciente y padre violento; era el tercero de diez hermanos y, como otros miembros varones de su familia, fue víctima de un gen que no le permitió crecer más allá de la pubertad. Su deficiencia se llamaba síndrome de Kallman, una rara enfermedad endocrina que le fue detectada a los doce años y para la que entonces no había cura. El síndrome de Kallman le impidió alcanzar la madurez sexual. Pero a cambio de un cuerpo pequeño, delgado y enfermizo, Jimmy conservó durante toda su vida una voz infantil y ciertos rasgos afeminados que jugaron a su favor en el mundillo musical. De niño solía cantar gospel, acompañado al piano por su madre, y era un ferviente admirador de Judy Garland y Paul Robeson, a quienes gustaba imitar. Cuando su madre murió, Jimmy pasó por diversos orfanatos hasta cumplir los dieciséis y obtener un permiso para abandonar la escuela y ponerse a trabajar.

Empleado como asistente de una pareja de bailarines de claqué, se relacionó con los músicos y artistas de los clubes donde trabajaba. Con veinte años y acompañado por su primera esposa, se enroló en la troupe de Estella Young, una contorsionista que atendía por Caldonia y le protegía como una madre. Poco antes de 1950 conoció a Lionel Hampton y actuó con él; incluso grabó cuatro canciones con su orquesta. Hampton lo anunciaba como “Little Jimmy Scott”, nombre con el que registraría alguna de sus grabaciones más tempranas. Aunque Jimmy tenía 28 años, se presentaba como un adolescente de 16: aquella voz aguda y un físico que no superaba el metro y medio de estatura le ayudaban a crear el efecto.

Quizá su aspecto aniñado fue la causa de que nunca le tomaran demasiado en serio, lo insultaran y estafaran. Hampton le pagaba una miseria por sus actuaciones e incluso en los títulos de crédito de Everybody’s somebody’ fool, quizá la canción más popular de Scott en los 50, ni siquiera aparecía como autor ni intérprete de la pieza. Otros promotores, como Teddy Reig o Jimmy Evans, le facilitaron grabar canciones que nunca vieron la luz como álbum y que todavía resulta difícil encontrar. Mientras tanto Scott sobrevivía con trabajos temporales y alguna actuación dispersa.

En 1955, Savoy Records puso a la venta un primer álbum de Jimmy Scott y le dio un anticipo de 200 dólares por grabar el segundo. Sin embargo los álbumes pasaron desapercibidos. También grabó con Ray Charles un disco magnífico, Falling in love is wonderful (1962), lastrado por errores intencionados en la cubierta, donde no aparecía el nombre de Jimmy Scott. Además, el álbum tuvo que retirarse bajo la amenaza de la compañía Savoy, a la que Scott estaba ligado por contrato. Ray Charles no tuvo empacho en comercializar el disco como instrumental, borrando la voz de Scott y grabando encima al organista Wild Bill Davis. Según David Ritz, biógrafo de Scott, escuchar ese disco hace daño, especialmente cuando la voz de Jimmy Scott se deja oír débilmente al fondo de algunas piezas. Poco después, Jimmy Scott se casó por tercera vez y trabajó de ascensorista y mozo de almacén, sin apenas pisar los escenarios.

En 1969, Joel Dorn, ejecutivo de Atlantic Records, consiguió que Jimmy grabara un nuevo disco, cuyo título (The Source) sugería que Scott era todo un referente para los baladistas de jazz. Aunque le respetaron el título del álbum, algún “genio” del departamento de márquetin substituyó la imagen de Jimmy Scott en la cubierta por la de una modelo negra con peinado afro, lo que llevó a muchos consumidores a creer que la modelo era Jimmy Scott. Para acabar de adobar el fracaso, Savoy Records volvió a imponer sus derechos y el álbum tuvo que ser retirado de la venta.

Desde esa fecha hasta 1991, Jimmy Scott cayó en el olvido, a pesar de los esfuerzos de sus amigos por conseguirle actuaciones, de manera que nada hubiese cambiado en su vida sin la intervención del azar, esta vez a su favor. Jimmy tuvo su oportunidad cuando cantó en el funeral de Doc Pomus y maravilló a los presentes. “Tiene la voz de un ángel”, dictaminó Lou Reed. A partir de ahí, Jimmy Scott consiguió superar el olvido, grabar nuevos discos y alcanzar al gran público. Escúchese, por ejemplo, esa extraordinaria continuación de All the Way (1992) que se llamó Dream (1994) y que despertó la admiración de quienes lo descubrieron entonces; o ese álbum de espirituales negros, un tanto minimalista, que fue Heaven (1996); o las versiones de canciones de Lennon, Prince, Elvis Costello o Elton Jonh en Holding Back the Years (1998), un CD que relanzó su carrera en Europa y le abrió actuaciones en todo el mundo.

En la fase final de su vida, Jimmy Scott tuvo la oportunidad de reinterpretar el gran libro de los estándares norteamericanos en Moon Indigo (2000), Over the Rainbown (2001) y But Beautiful (2002). Con 78 años grabó su último álbum, Moon Glow (2003), un prodigio de sensibilidad y elegancia. Su última intervención discográfica fue un dúo con China Forbes, vocalista de Pink Martini, interpretando Tea for two en el álbum Hey Eugene! (2006).

David Ritz, su biógrafo, resume el espíritu de Jimmy Scott con estas palabras: “En la fragilidad de su voz hay una fuerza enorme. Sus canciones nos cuentan que podemos vivir con nuestras limitaciones, estar locos y sobrevivir, y hacerlo con la esperanza de que acaben cayendo “peniques del cielo”. Hay que fijarse en él para aprender a vivir con paciencia, dignidad y un fascinante sentido de la belleza.”[1]

 

[1] David Ritz: Faith in Time. The life of Jimmy Scott (2002).