Verano, verano

M de Mirinda


Han redescubierto la pimienta negra. Ahora, a los tristes sándwiches que habitan las máquinas expendedoras de alimentos ultra procesados, para alegrar las papilas gustativas de sus consumidores, que reniegan ya de groseras mayonesas y quesos plásticos, les echan pimienta negra en cantidades generosas.

Han recuperado las bolsas de redecilla para la compra en el supermercado, ahora como elementos de un cierto fetichismo retro travestido de conciencia verde bla, bla, bla.

Han insuflado nueva vida a las humildes alpargatas, pero incrementando su precio de tal modo que el cuero de bobino argentino es una ganga.

Han relanzado los cucuruchos de helado frigotodoelaño, pero su tamaño se ha reducido de tal modo que ni siquiera la parte más sólida de chocolate, que se suele esconder en la parte puntiaguda del cono, tiene la suficiente entidad como para llenar una muela.

Han rescatado las barbas y las uñas largas y los pantalones vaqueros cercenados y el chándal… pero siempre con un giro, un girillo nada copernicano, pero lo suficientemente escorado como para inaugurar un nuevo nicho de mercado.

Perdonen la reflexión tan básica, es por el verano, es por el verano. Seguiré contando.


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