La secta agoniza (Acacias de Neón)

La rana dorada

 

El verdadero fin del mundo es la aniquilación del espíritu, el otro depende de un intento insignificante, siempre que después de la aniquilación del espíritu pueda subsistir un mundo.

Karl Kraus

 

 

El manifiesto comunista, publicado por primera vez en Londres hace más de 150 años, escrito a  cuatro manos por un empresario y un periodista practicantes del activismo radical de su tiempo, ambos de origen alemán, no es otra cosa que una tosca proclama a la que el régimen soviético ruso establecido en 1917 otorgó la categoría de “tratado”; con anterioridad también sería un elemento básico de corte doctrinal de la Primera y Segunda Internacionales: supuestas representantes de los movimientos obreros de su tiempo, donde socialistas y anarquistas dirimían sus propuestas sobre la revolución o la reforma de las sociedades de la época, sociedades en las que la mayor parte de la población, hay que hacer notar, eran campesinos con los que no había la más mínima intención de contar para nada una vez fueran defenestrados los anarquistas. En él se propone como ideología con pretensiones científicas, siguiendo los pasos de la secularización de las escatologías judía y cristiana, una de las matrices de significado de las sociedades europeas tanto del continente como del otro lado del océano: que el proletariado industrial es el agente y el instrumento de la última revolución de la historia. El “pueblo elegido” devenía proletariado industrial; hace poco se transformó en “multitud” que en breve, todo va cada vez mas rápido en el horizonte de la elaboración de seudoconceptos por ideólogos académicos, ha adquirido la forma de “los conectados”.

Los dos fines de siglo posteriores a esta y otras enunciaciones milenaristas similares, expuestas en este caso seminal con retórica periodística envuelta en una mezcolanza de economía ricardiana, hegelianismo tergiversado y ciencia social caduca, ya a los pocos lustros de su elaboración, fueron experimentados de manera limitada por sectores crecientes de la “intelligentzia” europea y la población en esta peculiar frecuencia “filosófica”; ideario por lo demás que avanzaba como uno de sus leit motiv básicos “la unión de la teoría y la práctica”. Lo que en verdad se diseñaba era una politización generalizada de todos los aspectos de la vida y el triunfo de la intriga maquiavélica y la propaganda sobre cualquier proceso civilizado de debate o de diálogo. Hoy esto prosigue, como bien  podemos percibir en nuestra insana vida política, vía Internet, prensa o Televisión. Y eso que la revolución, cuando advenga, no sólo no será televisada sino que posiblemente tendrá un sesgo bastante poco conforme con lo que se ha entendido hasta ahora bajo esta etiqueta.

El reino de la ideología, que sólo tangencialmente es de este mundo, impregna estos horizontes contemporáneos, originados en la Edad Media y vinculados a las catacumbas romanas o a los trogloditas esenios; pensemos en una aseveración de uno de estos ideólogos, de estos gusanos con rostro humano que habitan ya en nuestra manzana, procedente de la Universidad del siglo XXI, que no duda en escribir sin sonrojarse: ¿será capaz la generación hiperconectada de producir conciencia colectiva? Traduciendo para el lector no avisado: ¿podremos encadenar a millones de seres mediante la modelización biosocial de la sensibilidad, desarrollada a través de un haz de ingenierías sociales fragmentarias aparentemente dispersas, al desencadenamiento de la Tercera Edad?

El mismo personaje, un señor con apodo de payaso (“Bifo”) atiborrado de auto indulgencia y falta de cordura, auspiciadas sin duda por el pensamiento de grupo tan común en esta institución agónica y en los ambientes de izquierda alternativa en general en las que se encuentra cómodamente instalado, prorrumpe con párrafos como este: Incluso el proyecto político del socialismo, tras haber intentado imponerse con la fuerza de la dictadura o de la democracia, ha tenido que inclinarse ante la fuerza autoritaria del máximo beneficio[1]. No voy a aclarar nada más; tras su número ¿o fue el anterior? viene el oso trapecista esloveno experto en el saqueo de colmenas.

En realidad, lo que hubo a partir del panfleto de marras, pronto devenido catecismo, fue una inmersión creciente de vastos sectores de la población, mediante la prensa escrita primero y luego mediante los diversos vehículos que han ido surgiendo como vectores de la comunicación de masas durante el siglo XX, en un magma de profecías y propuestas programáticas articuladas en forma de dogmas. Todo ello en una atmósfera de irracionalidad y resentimiento manifiestamente fabricada; dogmas desde los cuales los conflictos sociales y políticos adquieren una muy relajante y motivada a la vez, incluso en las peores circunstancias, explicación total. Sin obviar la institucionalización de la polarización amigo/enemigo en política, formulada con ribetes religiosos (“sociales”), bastante antes que Carl Schmitt (1888-1985) conceptualizase el asunto. El “minuto de odio” y la deshumanización de los adversarios estaba servido y ya se podía practicar sin complejos, mediante la mecánica de la masacre, la ingeniería social utópica. El tipo de explicación reservada antes a las teocracias del pasado y sus mitemas.

Hoy, diversos intelectuales continúan con cantinelas inspiradas en esta deriva ideológica, a pesar de que el tiempo transcurrido no ha hecho otra cosa que refutar predicciones y ver quebrar experimentos. Pero los intelectuales de hoy, producidos en masa hace décadas por mor de la necesidad de cuadros medios para las corporaciones privadas o el Estado, fueron los clérigos de anteayer. Ejemplo a tener en cuenta, en los márgenes entre socialdemocracia y neoliberalismo, el de Fukuyama con su Fin de la Historia inspirado en gran medida en una lectura “kojeviana” de Hegel; habiendo sido Alexander Kojève (1902-1968) uno de los espíritus rectores, junto con “honestos” y silenciados altos funcionarios nacionalsocialistas alemanes, del actual ensueño europeo que a “Bifo” le pone a cien. Como sabemos hace décadas y a pesar de que su admirador Escohotado omite hablar de ello en su ditirámbico elogio, Kojève fue un destacado agente de influencia del KGB ruso. Fukuyama, una de las muchas medianías integradas en “think tanks”, es un intelectual orgánico neoliberal colaborador frecuente de la publicación Foreign Affairs vinculada al Council of Foreign Relations; publicación e institución financiadas en gran medida por poderosos clanes financieros e industriales norteamericanos desde su fundación en 1921.

Boris Groys, en esta sintonía  ideocrática poco proclive a ajustar, como sí deben hacerlo los científicos tanto “duros” como “blandos”, los enunciados a los hechos, proclama: Libre mercado, globalización, culto a la celebridad, terrorismo, aburrimiento y el sentimiento de que la cultura está acabada son los mismos fenómenos en definitiva del fin de siècle del siglo XIX.  Y esa, continúa Groys, es una coyuntura valiosa porque nos recuerda que “necesitábamos una guerra en aquel momento para comenzar las cosas de nuevo”. ¿Y cuál es esa nueva “guerra” en marcha?

Dejo al lector que reflexione, antes de continuar, sobre lo aquí expuesto sin mayor interferencia; sólo señalar que la Primera Guerra Mundial, denominada entonces y después Gran Guerra y por algunos “la guerra que iba a acabar con todas las guerras”, continuó con la Segunda Guerra Mundial configurando un armazón más que soldado que otros calificaron como “guerra civil europea”.  Mirando atrás, hacia el final del siglo XVIII que culminó con la Revolución Francesa y su fiasco en el primer tercio del siglo XIX con la derrota de Napoleón, podríamos calificar esta última vicisitud como “afortunada” (bendecida por la Minerva de los cementerios) como Primera Guerra Civil europea. Ahora la guerra buscada es la compleción del nihilismo, encadenando a la Humanidad a las tecnologías de la información que pronto serán articuladas y coordinadas por Inteligencias Artificiales. La forma débil del Advenimiento del Nuevo Orden, sus prolegómenos, sería la distopía que ya disfrutamos; la fuerte, ya se está imponiendo en China. Después, el retorno de “los colapsados” presentado como llegada apoteósica de los Hermanos del Espacio.

Pero leamos directamente a Bifo y a Manuel Ponte[2]a los que he escogido al azar:

  1. El concepto de superconciencia como producto de la sociedad conectada no es una magnitud racional ni una estructura algebraica perteneciente al mundo vertical, material y real. Lo virtual como masa y supeconciencia es una entelequia, supera al concepto de masa en sí y pasa a ser masa para sí.
  2. La sociedad conectada ha hecho que el mundo sea más pequeño y el número de conexiones entre personas mucho mayor.
  3. La categoría sociológica de masa como ‘debilitamiento de los vínculos tradicionales y debilitamiento del tejido conectivo de la sociedad y de aislamiento y alineación de las masas’ pertenece a los números naturales y predecibles. La sociedad virtualizada solo es explicable en el campo de las magnitudes cuánticas donde se resuelven los paradigmas y las paradojas
  4. Reprogramar el funcionamiento semiótico, psíquico y económico de los signos producidos por el hombre. (Bifo: Fofó) Es posible que el próximo pasaje histórico tenga lugar en el plano neuroevolutivo. (Bifo, nuestro payaso amigo).
  5. Otra de las paradojas de la humanidad binaria es ‘el atajo’ y el concepto de aceleración tomado por la evolución de la inteligencia humana. La ruptura del modelo matemático basado en la creencia romántica de que el desarrollo debe girar en torno a las personas, se ha roto, era un modelo basado en deseos irracionales, lastrados. Esta visión del humanismo vertical está siendo aceleradamente cambiada por un modelo inverso y realista de construcción binaria. La tecnología como ‘extensiones del cuerpo humano’ o como servidores de humanidad virtual.

Una variante de antihumanismo que propugna directamente la despersonalización y la horizontalización de nuestras relaciones con lo real. La gran panacea para el “nuevo orden” que en la estulticia de sus programadores, ideólogos y sicofantes, abre el camino a una nueva Babel de información y delicias. Francmasonería mesetaria y cientificista adscrita al asesinato de Hiram por los Tres de Castilla. En la vida pública, a ras de tierra, pasaremos del concepto, él mismo un residuo del mitema privado de su contexto ritual fuertemente secularizado, al cumplimiento político. Es decir a la inserción como práctica de la adopción de un reglamento. El IV Reich traído, como lo fue también en realidad el anterior, por la socialdemocracia. Duración mínima y colapso garantizado.

Como señala Henry Kissinger en uno de sus últimos trabajos consagrados a la agonía de la Ilustración: How is consciousness to be defined in a world of machines that reduce human experience to mathematical data, interpreted by their own memories? Who is responsible for the actions of AI? How should liability be determined for their mistakes? Can a legal system designed by humans keep pace with activities produced by an AI capable of outthinking and potentially outmaneuvering them?

Aunque como ocurriera con el Turco, el famoso y falaz autómata de Von Kempelen (1734-1804), a comienzos del XIX, la problemática estaría más quizá en el uso de los recursos cibernéticos por una secta que en la fantasmagórica posibilidad de autonomía golémica o de inteligencia emergente.

Vemos que, en la medida en que en el mundo orgánico es más oscura y débil la reflexión, tanto más radiante y dominadora se presenta de continuo la gracia. En efecto, así como la intersección de dos líneas a un lado de un punto, vuelve a presentarse súbitamente al otro lado después de atravesar por el infinito, o lo mismo que la imagen del espejo cóncavo, tras de haberse alejado hasta el infinito, aparece de repente ante nosotros, del mismo modo, cuando el conocimiento ha pasado, por decirlo así, a través de un infinito, comparece de nuevo la gracia. Y ésta se presenta a la vez con su máxima pureza en la figura humana que no posee conciencia alguna o en la que la tiene infinita, es decir, en el muñeco articulado o en el dios. Por consiguiente -dije yo un poco distraído- ¿tendríamos que volver a comer del árbol de la ciencia para caer de nuevo en el estado de inocencia original?

Pues, sí -respondió- ese es el último capítulo de la historia del mundo.

“Sobre la vida de las marionetas”. Heinrich von Kleist.

 


[1] Se trata, obviamente, de Franco Berardi «Bifo», filósofo contemporáneo italiano.

[2] Manuel Eduardo Ponte, ciberactivista y «blogger»


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