El nefasto doblaje, un lied de Shubert y mi porvenir

Casi lloré de emoción al ver esa escena en el cine

 

El doblaje siempre distancia, pero, además, en ocasiones, falsea. El personaje de Isabelle Huppert de L’avenir (Mía Hansen-Love, 2016) sale de la residencia en la que, finalmente, ha metido a su madre. «¡Ese olor!» – le exclama a su hijo, que la ha acompañado. Y luego, desolada: «¡Es un moridero!» En la copia española, quizás para abreviar, le lanza únicamente un comprimido «¡Huele a muerto!» No es lo mismo…

Soy de los que aprecian la música diegética, esa que se oye durante la proyección de la película porque se oía realmente en la escena representada, y desconfío de la colocada en la banda sonora para encauzar los sentimientos del espectador durante su visión. Pero en esta ocasión -uno no es de piedra- me dejé llevar poco después por el hermoso lied de Shubert que lo envuelve todo mientras vemos de lejos uno de los trayectos en coche de la protagonista, con el runrún del cómo reaccionar a lo de su madre y otros problemas que le dan vueltas en su cabeza.

Hay más. Ella está en su casa, ordenando cosas. Su madre (se perdonará el spoiler) ha muerto hace poco. Le explica a quien la acompaña, dándose cuenta ahora de la verdadera dimensión del asunto, que fue su madre, aún con todas sus cosas, quien la hizo ir a la Universidad, que constituye actualmente toda su vida. Se me admitirá confesar sin sanción que, llegados a este punto, despisté un poco, e hice como si no se me hubiesen humedecido los ojos, rememorando escenas personales más que parecidas.