Volver, volver, volver

Entre líneas

 

 

Me duele confesarte que ayer ya no pude más y vacié la casa de pretéritos y de pluscuamperfectos. Sí, lo sé, se va a hacer difícil la vida sin ellos, pero la decisión no tiene marcha atrás. Te dije que ya no los soportaba más. También he vaciado los armarios de imperfectos de subjuntivo.

¡Se acabó seguir dándole vueltas a las cosas como si tu cabeza fuera el tambor de la lavadora, siempre girando!

Esta mañana, libre de pretéritos, has amanecido más pálido de lo normal. Casi me has asustado cuando me has zarandeado con ansia, querías saber cuál de tus pasados era el verdadero, como si yo pudiera saberlo.

Hoy, cuando he regresado del trabajo, me ha parecido notar algo extraño en casa. No he logrado adivinar qué ocurría hasta que he oído unos murmullos a mi alrededor. Al girarme y mirar, he descubierto un grupito de pretéritos en el descansillo y cuál no habrá sido mi sorpresa al ver que echaban a correr como unos locos para que no los cogiera. Estoy realmente desesperada, he mirado en la cómoda, en el armario empotrado y hasta en el botiquín. No hay manera de encontrarlos. La cosa parece que va a peor: esta tarde, mientras preparaba la cena, he visto aparecer una pandilla de pluscuamperfectos muy bien equipados. Campaban a sus anchas y me ha parecido que venían a instalarse definitivamente en casa.

No sé qué vamos a hacer ahora, me cuesta discernir lo que ocurre… Tal vez haya pasado por alto algún detalle en todo esto, quizá fue mala idea echarlos a la calle. No parece tan sencillo deshacerse de los pretéritos, ¡a cada paso que damos aparece uno nuevo!

Anoche nos costó mucho volver a casa, a veces no regresamos hasta que no asoma un reflejo de luz en el cielo; la verdad  es que no es fácil volver sabiendo que ellos nos están aguardando con quién sabe qué historias. Me inquieta que no nos dejen descansar nunca, que pasemos los días y las noches pendientes de los pretéritos, tejiendo con ellos argumentos sin fin.

Han pasado algunas semanas desde entonces y hoy, por fin, has logrado convencerles para que inicien su retirada. Ha sido por la tarde. Después de estar conversando con ellos sobre física cuántica, los has confundido: si el tiempo no existe, tampoco existen los pretéritos.

Hace frío afuera, la nieve casi cubre toda la ciudad y no me apetece nada salir. Sigo contemplando desde el salón cómo los pretéritos desalojan, al fin, nuestra casa. En realidad me ha entristecido verlos andar tan cabizbajos, con las espaldas encorvadas y con esa crisis de identidad… Me pregunto: ¿dónde irán ahora? y, acto seguido, me doy cuenta de que esa es una pregunta sobre el futuro. Definitivamente, ¡el futuro se nos ha instalado en casa!

 

Fotografía @ArtHunter (Instagram)


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