Vaivenes

Con el agua al cuello

 

I

La vida y sus inhóspitos caminos nos devuelven al punto de partida. En una esquina depositamos nuestro arrojo, en otra, nos llenamos de oxígeno y asumimos entonces que el mejor lugar para nosotros es el vaivén o la deriva.

II

Somos seres de indicios que vamos regalando la vida por entregas. Ajustamos cuentas a golpe de memorias tristes y pasamos los días rogando al viento que se lleve la prisa y que no nos llegue la noche.

III

En la sutileza de los días, lo que perdura es el instante en el que la conciencia nos humaniza y nos torna vulnerables. Es ahí donde la vida adquiere sentido, es ahí donde el amor invade, es ahí donde cabe una orilla, un mirar y todos los noviembres.

IV

No sé dónde está el horizonte. De vez en cuando, me asomo a la ventana y observo la perspectiva en los rostros que desfilan ante mí. En alguna ocasión, me detengo en un mirar, en la madre que sostiene la mano del niño al cruzar el semáforo de la esquina, en el joven que camina sin futuro en los bolsillos, en el hombre que se toma un café esperando que la vida pase rápido para evitar que el dolor de la misma, se lo lleve. Me alejo de la ventana y sigo sin saber dónde está el límite. Solo sé que la tarde se ha puesto triste.


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