Un bombazo literario

Leído por ahí

 

 

El Jefe me apremia para que abra esta sección con la noticia de un bombazo literario.

—Cuéntelo, Nicanor, que se sepa, que se diga, que se comente…

Pues bien, ahí va: tras el éxito de Vida subacuática (noviembre de 2019), La Charca Literaria edita un nuevo libro para solaz de sus seguidores, las Cartas crueles, de Perico Baranda (junio de 2020). Cartas crueles reproduce la correspondencia real de un montón de gente impresentable.

Ceferino Galán, que ha participado en la edición, comenta: «Al estilo de WikiLeaks, los Papeles de Panamá, la Lista Falciani o los Papeles del Pentágono, Perico Baranda desvela en su libro los entresijos de personas reconocidas y respetadas de nuestro entorno. Cartas crueles parte de la realidad cotidiana para criticarla y distorsionarla hasta el delirio».

—No están los tiempos para excesivas alegrías —me apura el Jefe—, pero el interés de nuestros lectores bien merece alguna compensación. ¡Hagamos una edición virguera de las Cartas crueles, una edición tan exquisita y delicada que nos ayude a olvidar su contenido! Al fin y al cabo, lo de Perico Baranda no es sino literatura para andar por casa.

—Quizá lo sea —replico, algo molesto—, pero mueve a la risa, y eso resulta una magnífica cataplasma para los tiempos que corren. Como juzgó Juan Manuel García Ferrer en su día, «Perico Baranda cumple con la función de instruir deleitando. En este caso a mandíbula batiente».

¿Y quién es ese Perico Baranda, colaborador de La Charca Literaria? Seguramente una persona física que utiliza este mote y declara escribir desde el fondo de su prisión. Quizá Baranda se esté expresando en metáforas; quizá se le vaya la olla; pero una vez leído su libro, no diríamos que no merezca la cárcel. «De Perico Baranda —comenta Luís Bosch—, apenas sabemos nada. O casi nada. En su caso nos topamos con la imposibilidad de decir cualquier cosa sobre él. Parece un tipo indecible, como el maestro Juan Martínez, en palabras de Andrés Trapiello».

Cayetano Gea, que conoce el manuscrito original, lo describe así: «En estas Cartas crueles, Perico Baranda se introduce en la piel de sus personajes y los hace hablar y actuar en un ejercicio de desquiciante esquizofrenia. El resultado de su vicio de leer y transcribir cartas ajenas alcanza ahora a los lectores de La Charca Literaria».

Finalmente, Pedro Hernández —uno de nuestros más implacables jueces—, evaluó así nuestra propuesta: «Reconozco que hay que tener valor para publicar semejante colección de cartas, un reflejo atroz de la realidad de lo que somos: personas vulgares y ridículas que se ocultan tras los trajes, la piel y el disfraz de los comportamientos educados. Creo que el libro debería editarse, para aprendizaje y diversión de tanto chismoso como nos rodea». Pues nada, en eso andamos.

Moraleja

Considerando lo anterior, trate de guiarse en lo sucesivo por las normas siguientes:

—Los personajes de las Cartas crueles son más domésticos que grotescos. Se parecen a los habitantes de nuestro bloque, a la gente con la que nos cruzamos en la calle, a nosotros mismos. Sus máscaras sociales tienen la misma calaña que la nuestra. Pero, en realidad, son mucho peores, y eso tranquiliza y satisface al lector acomplejado. Léanos y lo comprobará.

—Contacte con nosotros. Las Cartas crueles de Perico Baranda le harán reír mientras le erizan el pelo. Escríbanos a  lacharcaliteraria@gmail.com  y pídanos un ejemplar, o dos, o cien. Por solo quince euros, sus amigos también merecen leerlo.

—Existen otras razones para adquirir este libro. Una de ellas es ayudarnos a mantener con vida La Charca Literaria, una web que, a diario y de manera gratuita, le ofrece textos de narrativa, poesía y opinión desde hace casi cinco años, sin pedir nada a cambio. Bueno, sí. Le pedimos que nos lea y nos vivifique con sus opiniones favorables.