Treinta de diciembre

El buscador de tuétanos

 

Para Sandra Canóniga y Mónica Caldeiro

 

Sujeto a lo que queda de año,
con los dedos clavados
en la niña recién desenterrada,
oigo el balanceo del cómico
colgado del cuello
a la puerta de un colegio.

Hace unos minutos
estuve sentado bajo
el vaivén de ese cuerpo.
Consolaba a un viejo amigo,
que había recibido puñetazos
separando
a dos jóvenes en una pelea.

Ahora miro lo que me queda de año:
una niña durmiente y yo
manchados de tierra.
Compartimos sangre seca
entre la carne y las uñas.

Es una lástima que sea invierno
y no tenga un pedacito de sandía
con el que suavizar
la larga tristeza de sus labios.

 


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