Sin esperar a otoño

Sin timón y en el delirio

 

Men and their mournful romanticisms
Margaret Atwood

 

¿y si una noche de septiembre
un géiser de barro negro?

no le pregunto nada
a la oscuridad de la ventana,
porque hoy las casas pierden las hojas

igual que las casas,

sin esperar a otoño

y ya nada en ellas sabe sobrevivir

de mis mejores mejillas
se pueden extraer

algunas historias

para nunca dormir

la ausencia no quiere que piense
en la propia ausencia,
¿y qué queda?
sólo el negativo de una realidad,
la rabia y su problemática

más y más pensamientos
construyen aldeas
alrededor de mi habitación
y se mezclan con los pájaros y la luz,
me abren la puerta y cortan los días
como aletas salidas de un mar incómodo

de repente es otro año
y tengo que evaluar las variaciones
en el pulso de mi retroceso

-¿de dónde vengo? ¿adónde voy?-

y cada respuesta es un poco más cruel

aquí estoy,
lento como un pescado sobre el hielo,
suspendido en el tiempo
con medio latido por latido

el cielo se maquilla de una niebla
que tampoco sabe esperar a otoño,
y no me duermo hasta el amanecer,
como un río de montaña que se detiene
a ver caer todas esas hojas

mirarme al espejo puede devolverme
un mosaico inagotable de imágenes
de cuando plenitud,
de cuando pesadumbre,
de cuando la vida

el hecho es que mis alientos
ya sólo le pertenecen a la duda,
el viaje de los insomnes,
y cuando salga el sol
todos mis antepasados
me señalarán con el dedo
y yo me encogeré de hombros
preguntándome dónde están
mis mejores hombres,
mi mejor raza,
mi mejor palabra

la respuesta,
por lo visto,
está en el otoño


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