Semillas

Susurros a bocajarro

 

A Víctor y León.

Hay casas en las que el hogar calienta antes de encender la chimenea.
Los toldos son sábanas blancas porque en ellos el sol hace la siesta.
En una de esas casas hay dos risas con un eco fulminante.
Dos abrazos sin pedirlos, cien cuentos inventados y un barco lleno de tiritas.
Los dueños de las risas y del resto, incluso juntos, no suman ni cien libras ni tres metros.
Dicen que son pequeños, pero yo los miro viejos, sabios, besos.

Entre los dos me vacían de desidia el cenicero,
me plantan el jardín de enredaderas,
alicatan de hambre la cocina y de pausa la bañera.
Se desternillan de mis quejas tan sin causa
y me contagian de su llanto tan urgente.

Me recuerdan que no ocupo más que ellos,
que me ocupan sin saberlo,
que se ocupan en lo suyo,
que me ensuyan en sus cuentos,
que me llevan en la risa,
que los llevo en los bolsillos,
que me viven si los vivo.
Que son míos si los quiero.
Que quiera o no, lo que hay de bueno en mí, es todo de ellos.

Collage: Susana Blasco


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