Seamos crueles

Susurros a bocajarro

 

 

Seamos crueles. 

Pisemos la sangre y riámonos muy fuerte del herido. Y, más fuerte, del muerto. Con la boca grande. Desencajemos las mandíbulas.

Con los ojos abiertos y abrazados como hermanos monocigóticos, recorramos el cosmos armados con microscopios y prismáticos.

Mezclemos el sedimento de polvo estelar que cubre el alquitrán y los muebles oscuros con las esporas amarillas del helecho.

El líquido amniótico de un no nacido, con el moho de la mortaja de un suicida. 

Deseemos conocer la reacción de los oxímoros en laboratorios asépticos de moral.

 

Seamos humanos hasta ser animales.

Quememos el hielo de todos los glaciares de todos los planetas y brindemos con el agua primordial hasta estar sobrios.

Revivamos la primera pregunta. La primera. Antes que Dios y que la Ciencia. Antes que el Arte.

 

Y así, aullando, tomemos la palabra.

Lamámosla entera. Entre los dedos. Debajo de la nuca. Y, antes o después, atémosla viva a la mesa del forense. Estudiemos la oxidación natural de sus entrañas al aire sin viento del silencio. 

Seamos crueles.
Seamos curiosos.
Seamos niños. 
Hagamos poesía. 


Ilustración: proceso de trabajo de Susana Blasco para el proyecto Las Casas. 

 


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