Samsara

Susurros a bocajarro
Collage mural de Susana Blasco


Pasó el tiempo de ser Tkachenka. 
Soy gnoma. 
Dijeron las batas blancas, que de no gustarme el fruto de la ubre. 
¡Cómo no iba a gritar náuseas la garganta
si veía los terneros destetados
en la membrana protectora de los cazos
cayendo a nubes en los vasos de Nocilla!

Pasó el tiempo de ser Afrodita. 
Soy Yerma. 
Cantaron los arcanos, que de no saber mi Papa dar los brazos. 
¡Cómo iba a arraigarme la simiente en este campo
repleto como está de tanto ombligo,
si nacen solo cunas negras en los ojos
de los que no sabemos ver más que p’adentro!

Pasó el tiempo de ser Marco Polo. 
Soy Meursault.
Cerraron la frontera, un poco las murallas, un poco los billetes, un poco
el no poner al gato un paso por delante del coco ante el abismo.
¡Cómo iba a encender sola la pira, salir a tientas de la fragua
si no sabía el hierro que hay en Marte,
ni que sabe llover plomo el cielo en Venus!
¡Si me pierdo a dos manzanas de mi Tierra!

Pasó el tiempo de ser Rosa Parks. 
Soy Sam Lowry.
Grabaron los cronistas en sus libros, que de no necesitar luchar por nada.
¡Cómo iba a alzar la lengua en pos del pan
si me tapaban el hambre los futuros:
las mayúsculas brillantes, neones tras insomnios
clavados en los codos de becaria asalariada!

Pasaron todos. 
Pero llevo entre las cejas pintado el punto rojo
de los que leen en el final otro principio.
Y aprenderé en la próxima estación 
de los almendros
a abrir las flores nuevas del color que mande el sol en cada bucle
a crecer del nudo ramas
a saltar enraizada
de un marzo a otro 
                                  y será el Tiempo 
de ser todas las almas que pasaron 
y vuelven a ser yo
                                 si las escribo. 


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