Salustio Font, poeta y autor de novela negra

Vidas ejemplares

 

Salustio, hijo único, nació en el seno de una de las familias más bien estantes de San Ferriol d’Entremont, en el pre litoral catalán. Su infancia transcurrió entre mimos, cuidadoras, perritos falderos y las carantoñas de las amantes de su padre, don Arsenio Font, un rico hacendado de la comarca que consiguió encerrar a su esposa en un sanatorio de Rumanía para lograr mayor libertad de movimientos a la par que la compasión de sus vecinos. Consiguió ambas cosas, como era tradición secular entre los miembros varones de la alta dinastía local.

Don Arsenio era un tipo liberal, comprensivo y displicente en el trato personal, aunque un amo con fama de férreo cuando debía afrontar los asuntos de la hacienda y las quejas de sus trabajadores. Fue el mecenas del Casino del pueblo y sufragó sin remilgos la Revista Lírica Ferriolense, en donde no dudó en acoger a más de un autor próximo al libertinaje y la lujuria disoluta.

Salustio, el hijo, destacó en el estudio de las matemáticas y se sintió atraído por la mecánica, la rama de la física que trata de los pesos y las fuerzas, tanto en reposo como en movimiento. Llegado a la edad de las enseñanzas superiores, su padre intentó convencerle para que se matriculase en ciencias exactas o, en su defecto, en química orgánica o, en su defecto, en arquitectura. El padre, que había vivido varias guerras, le deseaba al vástago un futuro brillante en la capital, ciudad civilizada y de paz. Salustio eligió la arquitectura.

Una vez en la capital provincial, Salustio soslayó las clases y frecuentó los bajos fondos, intimó con carteristas, proxenetas, transvestidos, cocainómanos, nihilistas, prostitutas y revendedores de entradas de la ópera. Durante esta época Salustio consiguió engañar al padre simulando, en la correspondencia, un gran provenir con su inminente licenciatura. El padre le mandaba cheques sin preguntar mucho. Salustio se labró una gran popularidad en el barrio chino gracias a la generosidad ciega del padre. Hasta que llegó el escándalo del cabaret La Criolla.

Salustio se vio implicado en un crimen sucedido en el local, con pistoleros y putas y traficantes. La influencia del padre solo pudo aliviarle parte de la condena, y Salustio cumplió algunos años de cárcel. El nombre de la familia quedó ensombrecido, y la candidatura de don Arsenio a la alcaldía de San Ferriol se truncó. Los terratenientes amigos que le habían promovido se desentendieron de él, los creditores se esfumaron. Un hacendado ignorante y pazguato se hizo con sus tierras en cuanto salieron a subasta. El nuevo dueño levantó un hotel para turistas franceses en las propiedades de los Font y dejó hundir en la ruina la vieja mansión familiar. Don Arsenio se suicidó dejándose caer ante el arado de un labriego muy pobre tras vagar varios días sin rumbo por los campos, como un orate.

Salustio conoció la noticia de la muerte de su padre pero no mostró ninguna emoción. Solo se interesó por el testamento. Así supo que la última concubina de Don Arsenio, Maika la húngara, de 26 años, lo heredaba casi todo. Empezó a escribir novelitas policiales con el loable empeño de sobrevivir por sus propios medios: Puñales en la noche, La mujer gris perla, El japonés amante, Los pactos del silencio. Ante el fracaso comercial de sus textos en prosa, Salustio decidió publicar poesía, ya que pensó que, en su país, ese género le daría mayores alegrías por razones tan históricas como difíciles de contar. Dilapidó la parte escasa de su herencia en publicar los poemarios Puñales tiene la noche (editorial Ubris), De un gris perla era la mujer, (Dédalo editores), Amante lo fué, el japonés errante (Ofelia Impresores), y Del silencio y los pactos, (Editorial Nacional de la Atlántida). Todos incomprendidos.

Sumido en la miseria y recogido en casa de una vieja meretriz amiga de toda la vida (Mariaeugenia Bosch), por fin Salustio cosechó su primer éxito literario: El Fascismo, esa solución (Catalonia editorial cooperativa). Según los registros, se vendieron varios miles de ejemplares.

Las ganancias obtenidas con su última obra le permitieron una jubilación menos que modesta en La Guayiga (Santo Domingo), donde terminó sus días. Preguntado allí por un periodista nicaragüense que le encontró, Font negó ser oriundo de San Ferriol y haber escrito una sola línea en su vida. Salustio se declaró analfabeto y ágrafo. El periodista de Estelí se convenció, viendo la precariedad extrema de la vida de Salustio. Vivía en una cabaña con la sola compañía de su perro, Mossèn Cinto.


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