Rosaura

Retales

 

Rosaura es una mujer delgada, alta, algo mayor, dedicada a los suyos.

Tiene un piano que dicen que toca de maravilla pero cuando se le pide que lo haga responde: Otro día, hoy no.

Según los suyos arranca notas al teclado cuando se enfada y en lugar de gritar se consuela con la música que suena en la caja acústica de su piano que conserva desde niña.

En su casa todos caben. Si la mesa no da para todos se come por turnos y uno llega a dudar de si ella come. Se llenan platos uno tras otro.

Atiende a los nietos y a otras criaturas si se tercia. Les premia con un postre dulce que hace las delicias de los niños. Éstos cuando llegan a sus casas les dicen a sus madres: nos gusta más el postre que nos da Rosaura.

Rosaura es creyente, practicante, aunque lo que es loable no son sus creencias, ni su religiosidad sino la actitud cristiana que tiene en la vida de cada día. Y su marido, en ese aspecto, es igual que ella.

Pasan parte del verano en una celda de un monasterio. Cada tarde acuden a la oración de vísperas.

No les importa tratar con gente que no crea, siempre y cuando sean buena gente. Dice Rosaura que se creen ateos pero actúan como verdaderos cristianos.

Rosaura viste de manera sencilla, sin ostentaciones. Lleva el pelo más bien corto que se le ensortija ligeramente; no se tiñe. Luce alrededor del cuello  una medallita. Le gustan las faldas plisadas.

Los ojos le relucen, una sonrisa tiñe sus labios; pero si se enfada tiene autoridad, no se amedranta por nada.

Siempre tiene una palabra amable para todo el mundo, la puerta abierta y un rato para conversar con las visitas.

Rosaura es una mujer cultivada; lee cada día el periódico, tiene opinión y está al día de los acontecimientos.

Podría parecer que es una auténtica beata, pero nada más lejos.

A pesar de todo, Rosaura es una mujer de otro tiempo.


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