¿Quién inventó la propiedad privada?

Isla Naufragio


Testimonio

La propiedad privada es un gran invento. La propiedad privada consiste es que una cosa es tuya y puedes hacer con ella lo que quieras. Con arreglo a las leyes, claro, que las leyes protegen la propiedad privada pero imponen unas normas que regulan y limitan el uso de dicha propiedad y gravan cuando lo creen conveniente su posesión. 

La propiedad privada es para tiquismiquis y caprichosos. Pongamos un ejemplo, la vivienda. Todo el mundo necesita un lugar para vivir. Un piso, una morada, un palacio, un cortijo, según sus gustos y posibilidades. Y para eso, para que ese lugar donde vivir sea tuyo, tienes que comprarlo. En este punto habrá alguien avisado que me diga que también se puede alquilar. Ya, digo yo; pero si alquilo, lo que alquilo no es mío y no puedo hacer los cambios que se me antojen ni puedo disponer a mi antojo y conveniencia por tiempo ilimitado. Y aquí es donde entra lo que he dicho antes de que la propiedad privada es para tiquismiquis y caprichosos y, añado ahora, para gente poco amiga de las mudanzas. 

Yo soy de estos que digo, tiquismiquis y demás. Me compré una vivienda y tuve en cuenta muchos factores. Vi que estuviera orientada al sol de tarde porque en invierno es muy agradable y en verano no estoy (ya les explicaré otro día, en verano me voy a otra propiedad que tengo en la montaña). Como no me gustan las aceras estrechas ni las calles empinadas conseguí mi piso en una calle del Ensanche barcelonés (Eixample, que dicen. Es un barrio que se hizo al ensanchar la ciudad), que como mucha gente sabe está en el Pla de Barcelona (Pla porque es plano, aquí tampoco han tenido que inventar mucho).

El Eixample es una zona de Barcelona, con calles en forma de cuadrícula, diseñada por un probo ingeniero militar del siglo XIX con la idea de hacer una ciudad con calzadas y aceras amplias y respetuosas con los seres humanos que tienen que transitarlas. Bien, pues yo adquirí mi piso en un chaflán, quiero decir con esto que, debido a las características de las manzanas de edificios de esta zona, está situado en un lugar con más luz, espacio y vista que en una calle normal. Y además tengo la suerte, hasta que el ayuntamiento disponga de otra cosa, de que la calle soporta poco tránsito de coches y turistas. 

Una vez comprado el piso, cambié la instalación de agua, gas y luz (me gusta la seguridad), tiré paredes, cambié cocina, baños y puertas y lo dispuse todo a mi modo y capricho. Puse toldos, cortinas y termómetros exteriores e interiores que me indican en todo momento cómo conseguir el confort climático adecuado, recordando la frase de Connolly que dice que “no hay mal tiempo, sólo ropa equivocada”. Y añadí o reformé los elementos que creí convenientes dentro del orden monetario que la sociedad y mis esfuerzos de ahorro y trabajo me aconsejan y permiten. 

Mi piso tiene una larga terraza en la que he dispuesto, en una parte, macetas con flores y enredaderas y, en la otra, una mesa pequeña con dos silloncitos por si quiero tomar un vermut y leer un rato mientras contemplo el ir y venir de la gente anónima. Y en el centro de la terraza tengo una mesa grande de cristal templado por si alguna noche de verano quiero cenar allí con los amigos. Desde allí puedo ver los edificios que me rodean y, agarrándome a la baranda interminable, me siento como un almirante que gobierna su hermoso barco por la ciudad procelosa. 

Si el uso y la posesión ya predisponen al goce, imagínense que todo esté dispuesto a tu conveniencia de tal manera que la luz, el tiempo, el vacío, el silencio y todo, todo, esté armonizado con tu alma dentro de la ciudad palpitante, ubérrima, fecunda e ingeniosa.

La propiedad privada genera el goce privado pero, para ser más justos, la propiedad pública tendría que llegar donde no llega la propiedad privada, y así más personas podrían permitirse, si lo desean, ser tiquismiquis o caprichosos y dejar de ser sin más, necesitados. 

Y no sigo porque el objetivo de este testimonio no es demostrar lo caprichoso que soy, sino algunas características de la propiedad privada. 

La propiedad privada es un gran invento.

Francisco Matusén, profesor de virtudes estéticas


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