Probando, un dos, tres…

¡Hale, hale, que es gerundio!


Tras años de insistencia, por fin mi madre aceptó ponerse audífonos. Hasta ahora no había manera de hacerla entrar en razón, empeñada en que eso era “cosa de viejas” y ella, con sus 85 primaveras en canal, no pintaba nada con unos. Pero es que nuestra comunicación empezaba a resentirse y creo que ha sido eso lo que finalmente la ha animado a hacerlo.

Acudimos juntos a la cita para la prueba de audición. Yo me quedé con la chica que se la iba a realizar y a ella la metieron en una cabina, como si la fueran a lanzar al espacio, y le dieron las indicaciones de lo que debía hacer:

—Mire, ahora yo le diré una serie de palabras por este micrófono y usted repetirá lo que ha oído, ¿lo ha entendido?

—Puede que sea sorda, pero no tonta, ¿cómo no voy a entender semejante explicación?

—Discúlpela —me apresuré a decir—, es que está un poco nerviosa…

—Tranquilo —me dijo ella con suma amabilidad—, aquí hemos oído de todo. ¿Está preparada?

—¿Preparada? ¿Y cómo se supone que me tengo que preparar? ¡Pues ni que fuera un cordero al chilindrón! Preparada, dice…

—Pues no lo habíamos oído todo, no. Bueno, empezamos: Mora…

—¡Zorra! —respondió mi madre con total seriedad y gritando, desconozco el motivo.

—Mariposa…

—¡Asquerosa! —replicó de nuevo con ese tono.

—Cuerda…

—¡Cerda! Oiga, escúcheme una cosa, ¿van a ser todas sus palabras así? Porque vaya nivel…Jesús bendito, si lo sé no vengo.

—¡Mamá, por favor! —volví a intervenir avergonzado con la situación.

—No pasa nada, de verdad, además ya hemos terminado

—¿Qué tiene la zarzamora que a todas horas llora que llora por los rincones? —gritó mi madre desde dentro de la cabina

—¿Disculpe? —preguntó la chica asombrada

—Ay, no le haga caso, es que le está sonando la alarma de su móvil porque ahora le toca la pastilla del colesterol y lo está repitiendo creyendo que se lo está poniendo usted…

—Bueno, creo que ha sido suficiente. Puede usted salir —le indicó a mi madre

—Vamos, mamá, que esta chica tan amable ya ha terminado —dije mientras le sonreía

—No sé si no me voy a arrepentir de escucharte…con lo bien que he estado estos últimos años sin oír tanta tontada… ¡Más paciencia que un santo voy a tener que tener!