Plácet

Susurros a bocajarro
Collage de Susana Blasco


«Quién va a abrazarme cuando sea vieja?
Y esté sola. Y no haya quien quiera hablarme. Y las cortinas se prendan fuego
y las llamas asciendan hacia el techo. Y nadie pueda acercarse
al teléfono. Para llamar al servicio de extinción de incendios.»

Pilar Adón


Mucho más tarde [ya era de noche] ella dijo:

—Claro, si no has tenido tiempo.

Y yo pensé en las ganas. Saturadas, como las ganas de mi abuela. Hormonales aprendidas educadas.

Yo pensé en las ganas. Saturadas, como el café de mi abuela. Por el poso y por aquel azúcar negro que con los nietos ha perdido oscuridad.

Yo pensé en las ganas. Saturadas. Tan cortas, las mías. Duraron solo hasta pensarlo. A solas. Con el formulario tan atentamente lleno como la agenda. Con la nevera tan descuidadamente vacía como todo lo vacío.

No era un ahora no. Era un no a secas.

Luego, con los días [solo los días, las noches son de otra manera y dicen cosas que son huecas] se fue llenando la nevera, siguió completa la agenda y el formulario desapareció como un testamento anónimo. Y con él debió perderse o disolverse la espera saturada: hormonal, o aprendida, o educada… ¡a quién le importa!

Y los días, cada uno con su noche, [pero de otra manera, con otra música, sorda] se han ido sucediendo hacia otros sitios. No han dejado de pasar [como las noches, pero de otra manera, por otras calles, vacías] cada uno, saturado, sin esperar al siguiente.



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