Pan Bimbo

Relatos bochornosos

 

Ring, ring, ring (evidentemente es el teléfono, bueno el móvil):

– ¡Dime, mamá!
– ¿Qué tal?
– ¡Estaba hablando con un amigo y por eso comu…!
– Oye, llegamos mañana sobre las siete o siete y media.
– ¡Me lo dijiste ayer!
– No, siete y media.
– QUE LO SÉÉÉÉ.
– ¿Eh?
– QUE SÍÍÍÍ, SIETE Y MEDIA. 
– O siete.
– ¡Vale!
– ¿Eh?
– VALEEEE.
– Oye…
– ¡Dime!
– ¿Hay pan Bimbo?
– Lo tiré, se ha puesto malo…
– ¿No queda?
– QUE LO HE TIRADO.
– Compra, que yo te lo pago.
– SÍÍÍÍ.
– ¿Pero hay?
– QUE LO TIRÉÉÉÉÉ.
– ¿Eh?
– QUE SE PUSO MALOOOO
– Pues si se ha puesto malo, tíralo.
– QUE SÍ, QUE LO HE TIRADOOO
– Y también pavo, sí.
– TAMBIÉN LO HE TIRADO.
– Tú tíralo si se ha puesto malo.
– QUE ESO HE HECHO
– Y los yogures también.
– LOS TIRÉÉÉÉÉ.
– Se habrán puesto malos.
– QUE SÍÍÍÍ… ¿Y TE COMPRO QUESO?
– ¿Eh?
– ¿ME OYEEEES?
– Sí.
– ¿QUE SI TE COMPRO QUESO?
– Te oigo.
– QUESSSOOOOOOO, ¿¿¿QUE SI TE COMPRO QUESO???
– Yo te lo pago, no te preocupes.
– QUE NO ME PREOCUPO, ¿PERO DE VERDAD ME OYEEES?
– Sí, queso también.
– QUE YAAAA.
– Y no olvides el pan Bimbo.
– QUE LO SÉÉÉ. 
– ¿Eh?
– QUE NO TE PREOCUPES.
– El queso yo creo que estará malo.
– SÍÍÍÍ, ESTÁ MALO. 
– Vale, pues ya sabes, siete o siete media.
– COMPRARÉ QUE…
– Vale, adiós, adiós…

Clack, se corta.

Mi venerable, anciana, y algo dura de oído, madre, regresa de vacaciones…


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