María de la O

Entre líneas

 

 

Ayer llovía y quizá fueron esas gotitas que repiqueteaban sobre los cristales las que guiaron mis pensamientos y me hicieron ver que, sin lugar a dudas, el mundo no sería tan complicado sin ti.

Sin ti no habría duda ni decisión que tomar, la suerte estaría echada hace ya tiempo y tú no sabrías quién lanzó los dados sobre la mesa, tú no y yo tampoco. ¿Tú o yo?, ¡vaya! ya entró en juego esa disyuntiva “o”, la  reina de la indecisión, madre y patrona de la duda.

Pero ¿hacia dónde irías tú sin esa “o” que te permite elegir y ser más libre?, ¿dónde quedaría entonces la rueda de la fortuna, el azar, lo imprevisto en lo que acontece?

Sabes que tu vida es una eterna “o” a la que le das vueltas, una “o” inmensa que añade siempre a la realidad otra posibilidad, en ese hueco redondo por el que se han colado  todas las dudas del mundo en tropel y gracias al cual, muy a pesar tuyo, eliges, escoges y decides.

Y así has creado una lista interminable de deseos preferidos y deseos detestados que decidiste un día a la suerte, porque no sabías más.

Como tampoco sabes si amas tu vida porque un día la elegiste o tal vez no la amas bastante porque fue ella quien te escogió a ti.

Tal vez por eso, ahora, que ya no queda demasiado tiempo para causas ni casuales, te sorprendes imaginando esos deseos no realizados, esas otras oes que quedaron fuera de tu lista, ese otro lado de las cosas, en aquel sendero de la vida que nunca has llegado a cruzar.


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