Ma perché ?

Entre líneas

 

No todo tiene una explicación y lo sabes, me lo susurraste así sin darle importancia, como quien no dice nada, y en cambio la frase se me quedó grabada en la cabeza como un mantra.

No sé por qué la vida se ha convertido en un aluvión de preguntas sobre todo, me dijiste,  ¡como si la explicación de las cosas nos aliviara de la desazón de no entender nada de lo que nos rodea! No hay duda: el mundo se ha transformado en un gigantesco signo de interrogación.

Para intentar zanjar tantas cuestiones, decidimos buscar en el diccionario el origen de la palabra explicar,  y comprobamos que, literalmente, era sacar pliegues, como si las cosas estuvieran plegadas sobre sí mismas y alguien tuviera que desplegarlas para encontrar dentro su sentido. Intentamos deshilvanar los pliegues de las palabras, pero fue inútil; cada vez la ofuscación era mayor.

Tal vez por eso desde hace ya algún tiempo hemos dejado a un lado las interrogaciones, no nos hacemos preguntas o por lo menos no las verbalizamos. A veces salimos a la calle a la deriva, sin saber a dónde vamos, pero alguna parte de nosotros sí debe saberlo porque acabamos siempre llegando a algún lugar.

Desde entonces las palabras nos hacen reír, como si fueran pretextos para pasar el rato o cantar una canción.

A veces cogemos el diccionario y buscamos palabras raras, que suenen a antiguas y evoquen significados misteriosos. Acabamos siempre riéndonos un montón con ellas. A las que más nos seducen les hemos hecho un rótulo enorme, con su nombre en grandes letras. Pasagonzalo es una de las que más te gustó, la pintaste de amarillo limón y negro azabache, y ahora ocupa casi todo el recibidor.

Yo preferí penseque, no sé por qué pero ese nombre me hace reír en vez de pensar. Me siento grande, inmensa mientras lo pronuncio, como si alguien me estuviera haciendo una reverencia desde lejos. Hice un rótulo y lo puse encima de ese ovillo de lana que tenemos en la consola de la entrada. Definitivamente me dijiste: ese ovillo parece más una escultura contemporánea exhibida en cualquier galería à la page que la lana que abrigó en su día a alguna ovejita de los Highlands.

No es para tirar cohetes, pero ahora estamos mejor que nunca, hemos enterrado definitivamente el signo de interrogación, cada interpelación se ha convertido en motivo de ocurrencias y las ocurrencias se nos transforman en diversión en un periquete. No importan las respuestas a las preguntas, solo importa encontrar una palabra que nos haga sonreír.

¿Me quieres?, me preguntaste anoche, y te contesté que eso era una ataraxia, entonces me miraste susurrándome que lo que decía te sonaba a algo melífluo. Luego nos acurrucamos sonrientes mientras el sueño nos hacía viajar a otros mundos tan locos como este.


Comparte este artículo


Más artículos de Lolita Lagarto

Ver todos los artículos de