Letras

Ultramarinos y coloniales

 

Me gusta leer. Leer el periódico, novelas, ensayos o artículos cuando estoy sola, las ofertas del supermercado cuando las meten en mi buzón y los menús del día en las pizarras de las terrazas. Leo los sobres de azúcar que dejan en mi plato del café, las traseras de los camiones cuando voy conduciendo, los anuncios de las marquesinas cuando espero un autobús o los carteles que empapelan las calles cuando voy a pie.

Leo el papel del caramelo que me como en una sala de espera y el letrero de la última revisión del ascensor. Leo los prospectos y las instrucciones, las jarras con mensajes y la letra pequeña. Leo whatsapps, mails y facturas, la composición de los alimentos y los imanes de las neveras. Leo las etiquetas de los vinos y sus pretenciosas descripciones, las advertencias de los paquetes de tabaco y el “gracias por su visita” de las servilletas de los bares.

Leo la camiseta de todas las personas con las que me cruzo cuando salgo a pasear (aunque estén en otro idioma), las solapas de los libros cuando me invitan a una casa que no conocía, los nombres de las calles, de las plazas y de las tiendas. Leo los letreros de “chollos”, “liquidación total” o “últimos días” escritos en carteles de colores vivos en los escaparates y las revistas de peinados imposibles en la peluquería.

Leo los programas cuando voy a un concierto, las sinopsis de las películas que voy a ver, la recomendación del chef en la carta de un restaurante y la hoja de reclamaciones. Leo el número de colegiado de mi médico, la universidad en la que se graduó en el diploma de su pared y su nombre bordado en la bata. Leo las notas de mis hijas, algunas partituras, las guías de viajes y las opiniones de los hoteles que voy a visitar.

Leo para alimentarme, para crecer, para conocer mundo, para sentir, entender, llorar, reír, saber, curiosear, entretenerme, viajar, comunicarme, enriquecerme, cambiar, para tener certezas o huir de ellas, para sentirme acompañada y estar sola, para admirar y aprender. Leo porque me da la gana. Leo algunas miradas (las limpias) y algunas intenciones (las sucias). No leo las manos pero sí entrelineas. Soy Leo. Leo y punto.


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