La crema de leche

El martillo pneumático

 

En la Antigüedad, se comían muchas lenguas de faisán aderezadas con pétalos de azucena y manzanas confitadas; se comían también huevos de codorniz caramelizados y regados con sopa púrpura de remolacha. Eran banquetes fastuosos.

Las mesas de la Europa aristocrática se adornaban con vajillas de Delft y de Beziers, con guirnaldas de flores y abalorios de coral; mientras, las mesas de las posadas y las fondas y las mesas pobres de la plebe continuaban con la cebolla medieval y con las patatas cocidas, algún trozo de tocino y alguna sardina.

La Revolución Francesa no socializó las mesas, hubo que esperar a la nouvelle cuisine.

Los nuevos cocineros acabaron con las salsas pesadas de la cocina clásica. Con los cucharones y con la crema de leche acortaron las diferencias.

Añadieron crema de leche a todos los platos. Segregaron algunos ingredientes de la cocina cristiana de occidente y los bañaron con crema de leche, tomaron recetas de la abuela y les pusieron crema de leche, contornearon los contorni italianos con crema de leche, empaparon la cocina tradicional mediterránea con crema de leche.

La omnipresente crema de leche rebosaba por todos los platos.

La crema de leche se convirtió en el ingrediente unificador y socializador.

Mala solución socializadora para quienes aborrecen la leche y sus derivados. Hay que tener cuidado con los elementos socializadores que son a su vez unificadores, hay que tener cuidado con no empaparlo todo con la misma salsa.


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