L de libro

Alfabeto anal

Libre como el viento, yo soy libro.


No busques más, casi todo está en los libros. La posibilidad de vivir otras vidas ajenas a la que nos corresponde como ser único e indisoluble. La oportunidad de viajar hasta los confines más arcanos de nuestra imaginación, parajes remotos que ni siquiera salen en los mapas de navegación mental. Dentro de un libro, cualquiera de ellos, hay todo un mar de posibilidades por descubrir, (des)ahógate entre sus páginas.

Géneros hay muchos, a gusto del lector que –quizá en este mismo momento- consume su propio consomé de letras, y todos ellos añadirán un ingrediente secreto a tu particular receta, ellos te lo guisan y tú te lo comes. Líricos poéticos, dramáticos teatrales o rapsodas narrativos, páginas nutritivas que alimentan tu cerebro.

Personas que escriben con la televisión apagada, mujeres y hombres… y viceversa. Gentes que crean mundos que hasta hace poco no existían, artesanos de la palabra. Creadores de universos propios o relatores de biografías de otros, todos ellos sumergidos en la profundidad del relato por contar, por descontado rebosantes de ilusión. La dedicatoria siempre tendrá un hueco para ti, desconocido lector, aunque tu nombre no aparezca en letra impresa.

El formato de siempre es el papel, olores, texturas, encuadernaciones, portadas y contraportadas. Mientras que desde hoy mismo, y hasta que el futuro invente otro soporte que todavía pese menos, la cosa se comparte con lo digital. Bibliotecas enteras encerradas en un pequeño juguete, lucecitas de colores y algo de comer con la mano libre, botones táctiles y marcadores automáticos. Tiempos antiguos, tiempos modernos. Lectores voraces rebuscando un rayo sin cesar en el gran vertedero de la literatura de ayer, de hoy, a la espera de colocar un legajo en particular en su biblioteca para siempre.  Librerías de proximidad y bibliotecas municipales, seguro que tienes una cerca de casa. Los malos te quieren tonto,  rebélate contra ello, cierra todas esas puertas exteriores que tanto contaminan, abre un libro… y vuela.



Más artículos de L. Solé José

Ver todos los artículos de