Historias de poetas

Perplejos en la ciudad

 

I

¿ERES POETA?

Un vecino me pregunta: ¿Qué significa ser poeta y ser leído?
Le respondo que no lo sé, quizá signifique (para los poetas que son leídos, porque hay muchos que no lo son, añado entre paréntesis), una satisfacción personal dentro de la insatisfacción general -la frase, una vez pronunciada, me parece pedante y me disculpo, y repito: no lo sé.

Pero me vuelve a preguntar: ¿Qué significa, para un poeta, publicar, tener una buena crítica y vender cuatro o cinco ejemplares más?

Tocado por la segunda pregunta, le doy la mano, no le digo adiós, como en una película, y sigo paseando.

Tropiezo un par de veces antes de llegar a la tienda de magia de mi barrio, donde venden bigotes, antifaces y caretas de carnaval.

¿Qué significa, me pregunto, ese doble tropezón, la falta de equilibrio provocada por el azar y el mal estado de la calle, un poco antes de llegar al reino de la magia?

Ya lo he dicho y lo repito: no lo sé.

 

II

LA TUMBA DEL POETA DESCONOCIDO

Ésta no es la historia de la tumba del soldado desconocido, sino la del poeta desconocido.

Dicen que era un poeta que dedicaba poemas a sus vecinos. Cada día entregaba nuevos poemas a los habitantes del lugar, que sonreían, pero ya un poco agobiados por tanta poesía.

No murió poéticamente (como Rilke, por ejemplo, que dicen que se pinchó con la espina de una rosa, la herida se le infectó y murió por culpa de la rosa). A él simplemente lo atropelló un automóvil cuando estaba a punto de llegar a una cita, donde debía entregar un sobre con más poemas.

¿Fue realmente un accidente? Algunos sospechan que no, que hubo algo más, pero no se investigó y por tanto no pudo descubrirse nada.

Escaso de medios económicos, no lo arrojaron sin embargo a la fosa común, ya que un grupo de vecinos sufragó un entierro digno: “La tumba del poeta desconocido”, grabaron en una lápida, y lo enterraron con ramos de laurel y muchos poemas inéditos dentro del ataúd.

Por lo menos, dijeron unos, ahora ignorará que no fue nadie a aquella cita que lo mató. Quién sabe, dijeron otros, éste es capaz de levantarse y enterarse de todo.

 

III

HUMOR NEGRO DE POETAS

Este año, casi cada semana cae un poeta.

En el barrio hay poetas que dudan y temen seguir escribiendo poesía, y algunos se preguntan:

¿Los narradores viven más que los poetas?

Este cronista, sin embargo, no tiene miedo y sigue escribiendo poemas en prosa y otras historias poético-misteriosas.

De todos modos, dado el peligro cierto de no poder decirlo en su momento, aprovecho ahora para despedirme con antelación y agradecerles la atención prestada, la lectura, el tiempo precioso dedicado a mis frágiles palabras. Gracias de antemano.


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