Fechas señaladas

Desde el 3º izquierda


Son cinco minutos,
la vida es eterna
en cinco minutos…

Te recuerdo Amanda (Víctor Jara)

Abril se despedía dejando las últimas gotas de lluvia sobre las aceras. Estaba siendo un mes más próximo al invierno que a la esplendorosa primavera que prometió regalar en sus primeros días. Julián miraba pensativo caer el chaparrón detrás de la ventana.  Pensó que a los cristales les vendría bien una buena limpieza. Quizá con ello se mitigaría toda la negrura de los pasados meses. Un trimestre atroz, en el que algunos buenos amigos y compañeros habían acabado sus días solos, en una cama de hospital, vencidos por un enemigo microscópico.

Recordar a aquellos compañeros sumió a Julián en una negra sombra como la del poema de Rosalía de Castro. Ellos estuvieron juntos en los tiempos combativos en los que aún se podía salir a la calle a reivindicar derechos ganados a pulso, sacrificarse y conseguir resultados. En aquellos años duros, pero luminosos, en los que todavía quedaba la ilusión de unas condiciones laborales justas en el horizonte. En los años de la solidaridad y el compañerismo. Un periodo en el que se realizaban acciones de manera colectiva, codo con codo, pero había cabida para la diversidad de ideas y el respeto mutuo. Ese momento en que lo importante era consolidar la dignidad del trabajo duro. Era el momento de cambiar el mundo y se peleó por ello. ¡Todo quedaba tan lejos ahora!

Antístenes dormía plácido y ajeno a todo. Para él, su logro en la vida era comer cuando tenía hambre, un espacio caliente y seco en el que descansar y poder jugar con su amigo y darle todo el cariño que necesitara. La vida sin preocupaciones a largo plazo, la vida plena que los humanos no saben encontrar.

La lluvia se intensificó y Julián decidió posponer la limpieza de cristales. Comenzó su rutina diaria. Hizo los suaves ejercicios gimnásticos acostumbrados; se duchó; sirvió el desayuno a Antístenes, que lo devoró en un periquete, y se dispuso a desayunar leyendo la prensa. Datos de la pandemia, personajes televisivos aireando trapos malolientes y la sucia guerra electoral de siempre. Nada nuevo que mereciera leer más allá del titular y la entradilla.

Al recoger los utensilios del desayuno para lavarlos vio de refilón el calendario colgado en la pared de la cocina. Cayó en la cuenta de que al día siguiente sería 1 de mayo. El Primero de mayo, el día en que siempre se había movilizado junto a sus compañeros. Rebuscó en la prensa y solo encontró una pequeña referencia a ello. Y una referencia con un claro interés propagandístico y electoral.

Julián y sus compañeros eran individualistas que se movilizaban en colectivo para lograr una mayor fuerza. Hoy se ha generado un rebaño social que no se moviliza, sino que vive en el esperpento valleinclanesco, en un grotesco espejismo de individualidad. Una servidumbre voluntaria de la que ni si siquiera son conscientes.