Exhumación poética de “Mumbo Jumbo” (Ishmael Reed)

Gabinete de labios periféricos

 

Los 4 años de universidad se montaban así para que
pudieran llevar a cabo 
un proceso en el que deshacerse de los rebeldes y los disidentes.
A través de los estudios y del ritual académico el
Hombre Blanco se asegura de obtener personas que trabajen para él.

Ishmael Reed

 

Si se consulta el apartado staff de La Charca Literaria, Isabel Sucunza figura como “enfangada hasta las cejas”. Además de ese y otros talentos, es una librera exquisita. Y si un día entran en La Calders e Isabel les recomienda apasionadamente una lectura, háganle caso. Así fue como vino a parar a mi gabinete Mumbo Jumbo, y mientras lo devoraba supe que sus entrañas serían exhumadas poéticamente aquí. La obra cuenta con la traducción de Inga Pellisa y el interesantísimo prólogo es de Juan Francisco Ferré (autor de Providence, obra ya exhumada en esta sección). 

Leer Mumbo Jumbo es bucear en la prosa de Ishmael Reed (escritor, poeta, dramaturgo, activista, músico y mucho más). Se ha dicho que su estilo es como el bebop: rápido, envolvente, acaparador, provocativo e inteligente como los solos de Charlie Parker o Dizzy Gillespie. Y aquí entramos en el tema esencial de la novela: la negritud. La obra coincide cronológicamente con lo que se conoce como el “Renacimiento de Harlem”, período a caballo entre los veinte y los treinta del siglo pasado y que la Gran Depresión truncó parcialmente. Fue cuando los blancos de NYC descubrieron la cultura negra, especialmente a través del jazz. 

En este contexto Reed desarrolla las ideas que impregnan su discurso reivindicativo: la historia de los negros la han contado siempre los blancos, y la esclavitud, tomando formas más complejas y perversas, sigue existiendo. La lucha sigue siendo necesaria. Pero lejos de un tostón académico, el lector descubre una maravilla literaria donde se nos explica una pandemia que asola los USA, el Jes Grew, una música que obliga a bailar a quien la escucha hasta caer desfallecido. Y nos sumergiremos placenteramente en la intriga, la sátira, el humor, el carnaval y el vodevil… Pero para describir el mensaje que subyace en la obra de la manera más breve posible prefiero acudir al prólogo: “(…) plantea una revisión tan poderosa y crítica de los mitos culturales de la humanidad que sus efectos no afectan en exclusiva a la definición del negro, sino que logran cuestionar la idea de las razas y las culturas en sus diferencias y en sus semejanzas”. 

Un dato más que creo significativo: Harold Bloom incluyó Mumbo Jumbo en El canon occidental. Y es que cuando fondo y forma se suman de manera tan inteligente, no cabe sino recomendar su lectura. Precisamente el prólogo finaliza con la frase “Hazle caso a Pynchon. Léelo ya.” Parafraseo y sustituyo Pynchon por Isabel Sucunza. Hagan lo propio. 

Para exhumar el poema tomaré la fecha de su primera edición: 1972. De ahí 1+9+7+2=19. Y 1+9=10. Así, desde la primera página de la novela (29) me desplazaré de 10 en 10 páginas (29, 39, 49… 299). Siguiendo el orden de la serie numérica, de cada una de las páginas obtendré un verso del poema, que he titulado como la novela.

 

Mumbo Jumbo

La Cosa ha sacudido sus amarras
el Jes Grew se propaga
incluso en Wyoming.

Ya se ve el tren
como si cosiera una colcha
a la manera del Jefe Africano.

Deberíamos ser precavidos:
el baile es el arte universal
para defender vuestros despreciables panderos.

Se busca punto de vista negro.

Que graben en su memoria
el temor acuciante del hombre Occidental
en el corazón de Nueva York.

Los hombres y las mujeres
no son, como nosotros,
de la Katedral Mumbo Jumbo.

La Obra
está en su Luna;
una venganza Vudú
hiperinflacionada
por los espejos:

Lázaro era un zombi
custodiado por una serpiente inmortal.
Pero esto no explica
el sudor de su cara empapada
de la carnalidad.

Los Negros,
como la letra averiada de un anuncio de neón.


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