Exhumación poética de “La saga/fuga de J.B.” (Gonzalo Torrente Ballester)

Gabinete de labios periféricos

 

“No se hallarán (…) los ingredientes al uso: violencia, 
pornografía, moralidad o inmoralidad, sino sólo diversión o,
mejor dicho, juego. Pero no se olvide que todo jugador juega 
con instrumentos reales, a veces con su propia vida».

Gonzalo Torrente Ballester

 

Esta cita inicial, procedente del prólogo del libro, es una clara declaración de intenciones. Y, por supuesto, impregna el aire y la niebla que desde la villa de Castroforte do Baralla se extiende a lo largo de las ochocientas páginas de esta obra monumental. La cita también concreta de una forma exacta lo que para mí supone el compromiso con la literatura, porque el juego es, además de una de las formas del gozo, algo tremendamente serio. El ejemplar de La saga/fuga de J.B. de mi gabinete (Edición, Introducción y Notas de Carmen Becerra y Antonio J. Gil González) se ubica al lado del Tristam Shandy y muy cerca de las obras de Robert Walser y Rodrigo Fresán. Se siente bien allí y no he recibido queja alguna. 

Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999) es autor de una obra extensa y recibió los máximos galardones en vida. El lector de cierta edad recordará sin duda, a principios de los ochenta, la emisión de la excelente y exitosa serie de RTVE Los gozos y las sombras, basada en su obra homónima. Un gallego universal que actualmente no recibe la atención que merecería, puesto que La saga/fuga de J.B. (1972) es una de las obras cumbre de la literatura en castellano del siglo XX.

La novela consta de tres extensos capítulos donde es casi imposible hallar un punto y aparte pero no así el humor, la ironía, el disparate inteligente y la reflexión más sesuda entre historias que se imbrican entre la razón, el mito y la fantasía. En este larguísimo diálogo-monólogo interior se explica la larga historia del pueblo gallego de Castroforte y en el que destaca un tratamiento extraordinario de la voz narrativa. José Bastida (el JB principal de la novela, pero hay otros) nos relata en primera, segunda y tercera persona la asombrosa peripecia de un pueblo que no figura en los mapas. Destaca el impresionante uso del castellano que asombra y arrastra al lector entre lo racional y lo mágico. Para hallar un resumen de lo que supone la magistral estructura de la novela, recurriré a una extensa cita de Carmen Martín Gaite (1973), que considero enormemente clarificadora:

“Todo el libro no es sino un hojaldre de testimonios superpuestos, una rueda de consejas, canciones, leyendas y anécdotas traídas de boca en boca hasta las páginas que las acogen, un ciclo inacabable de historias contadas y transformadas luego por otros que las oyeron contar de manera distinta. Los protagonistas de la historia son otros tantos informantes y su función fundamental es la de aportadores de datos, la de subnarradores. Aunque también, a su vez, son receptores de la palabra ajena, que transforman y discuten.” 

Nos hallamos pues ante una obra polifónica y un alarde narrativo donde el autor desaparece y es sustituido por las voces de J.B. Un libro que, como el propio autor declaró, no es fácil. Pero qué importa si el placer de la lectura compensa su dificultad. Hay que dejarse llevar por la corriente de las palabras, confiar en el arquitecto que ha edificado esta novela de novelas y asombrarse de lo que el genio puede llegar a construir. Desde que leí la novela y la recuerdo, siempre viene a mi memoria esa fotografía en que el ciego Borges y el casi ciego Torrente Ballester, dos genios sentados a orillas del Guadalquivir, examinan cada uno el bastón del otro, como si contemplaran las palabras ajenas concretadas en las texturas de la madera de su equilibrio.

Para exhumar el poema, tomaré las iniciales del autor (GTB) y las famosas JB del título de la novela. Decido sumar su ordinal en el abecedario, esto es: 7+21+2+10+2=42. Así, de la primera página de la novela (75) tomaré el primer verso del poema y de las sucesivas sumas del número 42 los siguientes (75, 117, 159… 789). Resuelvo que el último verso del poema sea la postrera frase de la novela.

 

Saga / fuga

En la mañana de niebla
un médium manifiesta:

“La Tabla Redonda y El Palanganato
pertenecen a un mundo
plagiario

de praderas inmensas,
pedazo de la
triple y siempre alcanzada soledad
de los iconoclastas.

Las fuerzas telúricas
jeribeques arquitectónicos
en la biblioteca
temblorosa:
el demonio de las Copulaciones Paradójicas
los sabios, los poetas y los pintores.

Las punzadas candentes de la herida
en las lejanías de la mar,
no habrá quien las encuentre.”

Y así sucesivamente.