Exhumación poética de “El Unicornio” (Iris Murdoch)

Gabinete de labios periféricos

 

Declina la tarde de abril en la librería Nollegiu del Poblenou. Hablo con Xavier Vidal, su factótum, y con el poeta Jaume C. Pons Alorda. Ambos me recomiendan encarecidamente la lectura de una novela de Iris Murdoch: El Unicornio. Sugerencias de lectores voraces y exigentes deben tenerse en cuenta. Compro el volumen (con traducción de Jon Bilbao y prólogo de Ignacio Echevarría) que leo con fruición. Ahora inicia su período de aclimatación en mi gabinete. Lo ubico al lado de Annie Proulx, otra notable contadora de historias.

La irlandesa Iris Murdoch fue también profesora de filosofía en Oxford, Dama Comandante de la Orden del Imperio Británico y su obra ha sido reconocida con numerosos galardones. A los treinta y cinco años (1954) publicó su primera novela, Bajo la red, a la que siguieron veinticinco más en un período de cuarenta años. Ello nos da una idea de su prolijidad. Se cuenta que era capaz de iniciar la escritura de una novela media hora después de haber concluido otra. Una pulsión por la literatura que se vio truncada cruelmente por el Alzheimer. Su marido durante cuarenta y cinco años, el crítico John Bayley, la cuidó hasta el final y a raíz de esta dura experiencia escribió Elegía a Iris, libro polémico por el que el autor fue acusado de oportunismo.

El Unicornio (1963) se define como una novela gótica con toques de cuento de hadas. Es posible definirla así por el ambiente que recrea, pero es mucho más. Como comenta Ignacio Echevarría en el prólogo, “para generar con muy escasos elementos un intenso espacio dramático capaz de dotar de verosimilitud una compleja alegoría en torno a la dificultad que todos tenemos de ver realmente a los demás y quererlos por lo que son.” Los escasos personajes de la obra se someten a una tragedia tan constatable como los acantilados de piedra negra o los cenagosos pantanos del paisaje narrativo. Iris Murdoch es una maestra del ritmo. Literalmente, te lleva de la mano a una acción llena de sobresaltos, en una trama compleja que, pese a ser accidentada, se desarrolla paradójicamente con impaciente lentitud. Diálogos y silencios casi cinematográficos fomentan la reflexión sobre el cautiverio, el sufrimiento, el poder (incluida la dominación sexual), el amor, el odio, la moral, la cobardía. Un catálogo interesantísimo que desmenuza algunos de los rincones más oscuros de la condición humana. Una lectura apasionante que nos proporciona el placer y la emoción de los buenos libros.

Para exhumar el poema tomaré el número 76, la edad de la autora cuando, devorada por el olvido, dejó de escribir, de ser. Sumando sus cifras obtenemos el número 13. Esta primera página (la 13, que solo incluye el encabezamiento de la obra) determina el título del poema. De sus múltiplos (13, 26… 338 –excepto la 91 y la 156, sin texto-) exhumaré un verso de cada página hasta formar el poema.

 

El Unicornio

En mitad del paisaje desnudo
encarcelada,
tensa sobre las piernas,
la Avenida del Diablo
apuntó de pronto hacia ella
(curiosas flores carnívoras
apresuradas
afectadas de sufrimiento).

Se sacó las botas
corrió escaleras abajo.
Había llegado el día.

Su horrorizado corazón
ribeteaba tres cuartos del horizonte,
la desaparición del yo
envolvía como una noche espesa
chorreando en silencio
la luna llena.

Las llamas iluminaban
las lejanías del arte
homicida
en una mortaja blanca
repugnante.

Sí, ahora regresaría a todo aquello.


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