El universo y yo

Leído por ahí

 

Leo en un libro de Joseph Campbell sobre mitología comparada[1] una anécdota que protagonizó su maestro Heinrich Zimmer, especialista en cultura y arte oriental. Zimmer se hallaba impartiendo una lección en la Universidad de Columbia sobre la idea hindú de que toda la vida es como un sueño, como una burbuja —que todo es maya, ilusión, en definitiva—. Al final de la clase, una joven alumna se le acercó y le dijo:

—¡Doctor Zimmer, qué maravillosa clase sobre la filosofía hindú! Pero lo de maya… No lo capto. No me dice nada.

Zimmer no pudo sino sonreír al contemplar el gesto contrariado de aquella alumna tan joven y entusiasta.

—¡Oh! —le dijo él— ¡No seas impaciente! Eso no es todavía para ti, querida.

«En otras palabras —prosigue Campbell—, cuando envejeces y todo lo que has conocido y para lo que has vivido ha pasado, y el mundo mismo está pasando, el mito de maya se vuelve comprensible. Pero para los jóvenes, el mundo es algo que todavía deben encontrar y afrontar, amar y aprender de él, luchar con él… Por eso necesitan una mitología distinta. No pueden comprender que el mundo fenoménico es una ilusión».

Así pues, y sin enrollarnos demasiado: solo desde una perspectiva iluminada se puede comprender que lo que sucede es puro fenómeno (en sentido kantiano) y no «cosa en sí», o sea, «verdad». Y esto, según Zimmer y Campbell, se experimenta con la edad. No obstante, aceptaremos que pueda haber jóvenes capaces de mirar con los ojos de ver y no con los de sentir. Esos jóvenes pensarán como adultos antes de haber crecido.

Moraleja

Considerando lo anterior, trate de guiarse en lo sucesivo por las normas siguientes:

—La diferencia entre nosotros y el universo no existe. Se trata de una falsa dicotomía. Tampoco hay un yo distinto de los otros yos ni de las cosas. No hay diferencia entre alma y cuerpo. Si usted es joven y ya lo sabe, agradézcalo. Es usted un joven sabio.

—Lo que captan nuestros sentidos es una ilusión. La diferencia entre la conciencia y la materia física es una creencia equivocada. Somos gotas breves que se agitan en un océano de inmensidad. Si todavía no lo ve claro, madure. Aprenda a mirar.

—Pero si a pesar de la edad (y de las gafas) sigue usted preso del mundo físico y sus exigencias, déjese llevar por la siesta e incluso por la habilidad de soñar despierto. A veces un Calvados o un porrete le pueden ayudar. Quizá entonces, el sueño inducido le ayude a ver la realidad, o sea, que todo es maya, en vocabulario hindú.

 


[1] Joseph Campbell: El poder del mito. Entrevista con Bill Moyers. (Madrid, 2015).