El Gran Inquisidor entra en escena

La rana dorada

 

Si hubieras convertido las piedras en panes, habrías resuelto el problema social de la humanidad, habrías acabado con el flagelo del hambre, el frío y la miseria. Y todos te hubieran seguido, aclamándote por rey.

Dostoyevski 

En Los pensamientos del Té, Guido Ceronetti no escatima lucidez alguna cuando nos comunica abiertamente, pues este y no otro es el tiempo para hacerlo, algunas verdades que nos vendrán como guantes para las heladas disposiciones que el futuro nos depara:

Pensar en los horrores que posibilitaría una paz universal perpetua, junto con una dominación concorde con la naturaleza y una colaboración científica sin límites ni barreras nacionales ni religiosas, hace aceptable la idea de la destrucción escatológica, de una conveniente guerra total. La Pax Technica es para la Humanidad un mal aún peor que el predominio mundial de la URSS, que ha sido su enemigo más amenazador desde que el subsuelo se ha puesto a vomitar enemigos de la Humanidad.

Las “inteligencias artificiales”, loadas hoy por quienes ven en ellas la panacea que resolvería los conflictos y la corrupción política, serían aquí y ahora uno de los umbrales de la pesadilla distópica que podría cobrar forma tangible si se correlacionaran con alguna ventana de oportunidad: como pudiera serlo una grave catástrofe de dimensiones planetarias o el tan traído y llevado ideo-simulacro del “cambio climático”.

Las “luces ilustradas” no predijeron muchas cosas que sin embargo posibilitaron (Metrópolis, Gulag, Auschwitz, Hiroshima, CERN, www…). Goya fue uno de los primeros en ver las cosas con más claridad, y por ello más oscuras, desde su sordera. Pero nosotros no dejamos de oír ruido, mientras los arquetipos se descomponen en clichés por efecto de la Hydra comunicacional… La democracia es tan solo una fase del ciclo político, un mero preliminar para la tiranía.

Dostoyevski (1821-1861) había intuido a la perfección el carácter seudo religioso del socialismo francés, su deseo más que de resolver “la cuestión del trabajo” de convocar una suerte de comunión atea de la Humanidad consigo misma: revolcándola y adobándola en sus propios y más tóxicos jugos y frutos psíquicos. La visión del escritor sobre la Iglesia Católica no era tampoco demasiado positiva; hoy que vivimos en la coexistencia temporal y mediática con el deleznable jesuita argentino, no hay día que no nos sorprenda (“la comida no es propiedad privada”), a pesar de saber que la venerable institución que escogió una metáfora náutica para enmascararse es poco más ya que los restos de un naufragio ocurrido hace siglos, resulta interesante volver atrás y rememorar lo que nuestro literato percibió en El Gran Inquisidor. Figura genial pues en el contexto de su  reactivación planetaria se aúnan los aromas  apolillados de una determinada variante del perfectibilismo humano, que va de Condorcet (1743-1794) a Kurzweil pasando por Norbert Wiener (1894-1964), con la disposición telúrica implacable y demoníaca que Sabato (1911-2011) arbitró genialmente en el imaginario literario, para nosotros, con el incalificable mapa de las profundidades titulado Informe sobre ciegos.

El catolicismo para Dostoyevski había sacrificado desde muy temprano el impulso espiritual a la sed de dominación terrenal, articulada esta última como compleja ficción jurídica. Su sucesor institucional evidente no podía ser otro que un despotismo socialista ateo. La prohibición de la Academia platónica por Justiniano, el Emperador que se emparejó con una prostituta de nombre tan significativo como “Teodora” y al que imitó, sin duda de modo inconsciente (como chimpancé de rostro humano que era), el infausto oclócrata argentino que tanto detestaba Borges, señaló el disparo de salida de una carrera que culminará muy pronto en circunstancias terribles. Las afinidades del último de la serie vaticana, según la profecía insensata, manipuladora y mendaz de san Malaquías, con el autobusero infrahumano que canibaliza Venezuela dejan claro que, a veces, la realidad supera a la ficción. Pero toda realidad material perece y se regenera por el fuego y el quinto sol ha entrado ya en su crepúsculo.

La ideocracia, prolongación de la dogmática religiosa legitimadora de violencias de la que en Occidente sabemos demasiado tras Constantino y Teodosio, se manifiesta con claridad en los totalitarismos del siglo XX urbi et orbi; convenientemente compatibilizada, claro está, con la electricidad y el transporte aéreo pero bebiendo de impulsos muy antiguos presentes ya en los monoteísmos judío y cristiano originarios. La vocación inquisitorial de descubrir o inventar enemigos no resulta tarea difícil cuando lo que se busca es el asentimiento social y político unánime, más aún cuando no hay separación entre religión y política. Pero peor aún es, por sus resultados, cuando la política misma deviene única religión en un mundo de creencias seculares presuntamente racionales. Donde domina la bestia humana, o su imagen, cualquiera que se salga de la foto podrá ser apartado drásticamente de lo que sea e incluso eliminado físicamente. Hay una delgada línea que muchos traspasan inadvertidamente cuando consagrados a “dios” o al “hombre” en cuerpo y alma le sustituyen. Sobre todo cuando se trata de resolver cuestiones terrenales de corte político.

El Islam mismo propende como gran parte del cristianismo, no solo el católico, y el antiguo judaísmo a insertarse sin complejos en esta aberrante tendencia. Los totalitarismos seculares son aún más implacables si cabe y no conocen freno alguno ni doctrinal, ni pragmático. Todas las herramientas de la Tecnociencia están a su disposición. Falta, como colofón, la hibridación de estos despotismos ateos con religiones en estado de harapo… Los ecumenismos, con sus grasientas retóricas, surgen en esta terminal etapa.

En nuestro país, recientes episodios concretos permiten a los avisados percibir inquietantes tendencias distópicas, es decir, “preteocráticas”. Que la religión sea de monos, para monos y auspiciada también, cómo no, por estultas sacerdotisas cuadrúmanas, poco importa. Un partido que se supone lucha contra la “corrección política” suprime, con espontánea enjundia, la candidatura electoral de un profesor por los mismos motivos que condenaría este acto en otros grupos… Un Gobierno trata de determinar mediante sanciones penales la mayor o menor adecuación “a lo real” de contenidos académicos sobre determinados periodos de la historia del país en cuestión; método: crear un Comité… Una excrecencia humana, los totalitarismos se sirven de estos personajes en abundancia en distintos tiempos y lugares, trata de forzar a la RAE para que cambie el uso de palabras básicas del idioma, basándose en ideas de un simplismo y una tosquedad absolutamente repugnantes… Y así podríamos seguir, un suma y sigue de absurdos y locuras, durante páginas y páginas. No sólo ocurre aquí también es preciso señalarlo.

La unión de electricidad y soviets producía “socialismo”; la de Inteligencias Artificiales y verosímiles Consejos de Sabios, designados ad hoc por organizaciones internacionales de, no se sabe muy bien por qué, respetable prosapia, ¿qué provocará en el futuro? En ambos casos hay un tercer elemento: sales de quiliasmo. Hoy el quiliasmo en una época en la que la ciencia se ha degradado a relaciones públicas, se disfraza tras presuntos humanismos transpersonales donde se concilian las supuestas verdades (sic) de las religiones con los hallazgos (sic) de la Nueva Física. El Último Hombre era “esto”.

La admiración de personajes como Lenin o Himmler por los jesuitas, una de cuyas criaturas de laboratorio ha sido Fidel Castro, convierten en inquietante la sincronía entre el nuevo y muy posiblemente último Papa y los desvaríos tecnotrónicos e ideocráticos de nuestro confuso mundo. No es casual tampoco que el fundador de la “cheka” en Rusia fuera un católico de nacimiento y educación. La pedagogía del miedo, hoy ya palpable tras la fanfarria mediática, la destrucción del libre pensamiento y el sometimiento inapelable de los individuos a un paradigma seudo antropomórfico, rígido y falaz, es ya una verosímil realidad. Obviamente por nuestro bien, para salvar la Tierra… El Gran Inquisidor está ya entre nosotros, nos quiere “inclusivos”.

Es en la realidad, más que en los sueños, donde habitan los auténticos monstruos. La tarea del héroe, que nunca es colectivo (los monstruos sí), es erradicarlos.

 El arma más peligrosa que se ha inventado es el hombre.

Ceronetti.


Comparte este artículo