El escritor perentorio

Los otros

 

 

Ramón Solsona es escritor. Nulla dies sine linea. Y se esmera. Tiene las obras completas del Diari Avui encuadernadas (en piel). Ramón Solsona desmenuza cada mañana este periódico mediante un lapicero bicolor. Incluso las esquelas las puntúa en rojo o azul según un código profundo.

Pero su trabajo es escribir. ¿Novela, ensayo, narrativa poética? Todo cabe.

Su rostro concienzudo va convirtiendo en texto cada pulsión intelectual. Pero lo que no permite distracción son los gestos: codo izquierdo hincado en la mesa soportando su cabezón. El brazo derecho languidece siguiendo la moda de los actores secundarios de Léo Joannon. Aquello era cine, verdad Vd.?

Ramón Solsona no se siente obligado a renunciar al Premio Nobel: si no lo tiene ni Nabokov.

Su esposa le recoge a la hora oportuna —para ir a Caprabo— y no pregunta. Hoja hirsuta, café, cenicero, mirada profundísima y doliente. La esposa no se atreve a preguntar. Chaqueta algo artística, calvicie suficiente. Toda la palma de la mano al socorro de esta cabeza paulatina.

Ya en la cama: Ramón, ¿hoy se te ha ocurrido algo?

(Fotografía subrepticia del autor)


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