El arte del miedo

Perplejos en la ciudad

 

Un vecino me pasa un cuento escrito contra otro vecino, redactado en un estilo conceptual, hermético. “Por miedo», dice, y me explica:

«Miedo. Miedo a la vida, miedo a la muerte, miedo del otro, miedo al otro, miedo a volar, miedo a la libertad, miedo de no escribir, miedo a escribir, miedo a la compañía, miedo a la soledad, miedo del poema que escribes, miedo al poema que no escribes o que escribe otro, miedo a mi cuento, miedo a su cuento, miedo a ser, miedo a no-ser, miedo de quedarme, miedo a partir, miedo estando en casa, miedo al salir de casa, miedo a decir sí, miedo a decir no, miedo a hablar, miedo a callar. No sé, tal vez sería mejor no hacer nada, por miedo. O no dejar de hacer, por miedo. Ni vivir ni dejar vivir, de tanto miedo.

Miedo al vecino de enfrente, ya digo y repito, miedo al de arriba, al de abajo, otra vez miedo de mí mismo, delante del vecino o detrás, miedo a votar a favor o en contra de las obras de la comunidad, miedo a la mayoría, miedo a la minoría, miedo al consenso, miedo a disentir, miedo al acuerdo, miedo a las represalias.

Miedo, mucho miedo.

Matar al otro por miedo, matarlo de una o varias maneras, y por miedo volverlo a matar. Por miedo, dejarse matar. Por miedo. No vivir ni dejar vivir, todos muertos de miedo.»

Por la noche, con la cabeza cargada de cuento y miedo, por temor a los dos vecinos, el cuentista y el otro, vuelvo la cabeza a derecha e izquierda de la escalera, salgo a la calle, ando un poco, vigilo que no me vea nadie y arrojo el cuento del miedo a la papelera. Aunque sé que lo guardaré escondido en la memoria.

Lo mejor sería irse del barrio y dejar a los dos vecinos con sus enfrentamientos. Pero regreso a mi casa lentamente, sabiendo que en la escalera me esperan otros cuentos. Sí, lo mejor sería irse del barrio y dejar a cada uno con su cuento y su miedo. Pero al final me quedaré aquí, como siempre, con mi cuento, con mi miedo.

Cuentan que al cabo de poco tiempo, murió de miedo, en la escalera.


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