Día de reflexión

Crónicas mínimas

 

Es día de votación y antes de acercarme hasta la urna he pasado por el Boga Boga, mi bar de referencia cuando estoy en Castelldefels. Andaba reflexionando tardíamente sobre el destino de mi voto y si realmente valdría para algo escoger entre este o aquel. El Boga, como lo conocemos los amigos, es un bar venido a menos pero que conserva algo de su antigua belleza; además, el lugar donde está situado es inmejorable, en una plaza con profusa vegetación. La amistad de muchos años con su actual dueño, Antonio, hace que sea mi sitio habitual para tomar un café.

Al entrar he visto a una chica muy joven y muy guapa pasada de copas. Era temprano, apenas las once de la mañana, lo que ha hecho más penoso su estado. Estaba intentando hablar con los parroquianos y alguno le ha seguido la corriente, supongo que para ver si pescaba algo. En estas situaciones siempre hay alguien que rivaliza en ser el más grotesco de los presentes. Tal vez mañana la muchacha ni recuerde dónde estuvo. ¡Qué pena!

El contrapunto ha sido que, al lado de mi mesa, había dos inmigrantes sudamericanas, ruidosas, de cara limpia, simpáticas, entradas en carnes y en años. Feliz una de ellas porque había comprado en la tienda cercana de un pakistaní un móvil con una funda horrible. Seguramente le servirá para comunicarse con algún ser querido y muy cercano, a pesar de la distancia.

Se han tomado unas cervezas y se han ido tan contentas.

Ellas no lo saben, pero su sencilla alegría me ha arreglado este día de reflexión tardía e innecesaria y hasta me han iluminado sobre el destino de mi voto.


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