Despampanante

M de Mirinda


Que lo despampanante te acompañe: lleva siempre contigo artilugios, armaduras y argumentos despampanantes; y camina a cubierto, tras la densa sombra de esa hoja de parra, de esa pámpana protectora.

Si se te comen con los ojos, no será a ti a quien devoren, sino a ese halo despampanante, ese globo reluciente que contigo desfila.

Si temes ser expurgado, agita bien ese despampanante cascabel, que es tu amuleto, y tras él irán las huestes sedientas: tus creativas miasmas, dignamente insalubres, quedarán a salvo.

Que el señuelo te salve de ser la presa. Que su cercanía te permita observar la silvestre destrucción que te correspondería de no haberlo creado, tan precioso, tan llamativo, tan esfera de calor y pluma.

Ve siempre dos pasos por delante de lo despampanante. Que te siga, como un sol domesticado o una aureola y, así, interceptarás el júbilo, las ansias de caza, el apetito banal, con el que lo perciben otros, deslumbrados desde lejos. Inapreciable, eclipsado, casi invisible, serás parte de la cadena de transmisión, de su aire que imanta y vibra. Que te acompañe día y noche, en encuentros y fugas, en trabajos y estampas. Será tu escudo, tu amuleto; será tu brida y tu trampa. Seguiré contando.


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