Del Movimiento Moderno al spaghetti al pesto

El martillo pneumático

 

Las vanguardias artísticas europeas iban decayendo, pero a trompicones pudimos llegar al mayo del 68, donde se rompieron las ideologías y se propuso una ruptura del lenguaje.

Fue una revolución, sí, pero con ella pudimos llegar al vacío y después, con el pop art, que es el arte de la nada, llegamos a alcanzar la postmodernidad, donde solo cuenta la representación del consumo y de las candilejas del espectáculo.

El consumo ayudó a la extinción del arte como revolución (por lo menos de momento).

La tarjeta de crédito contribuyó con eficacia a la extinción, el chip electrónico insertado en la tarjeta de plástico permitió el acceso a ciertas aventuras espirituales que luego se liquidan a plazos.

Con la euforia conseguida después de tanta revolución y de tanto asalto al palacio de invierno, algunos entraron en la cocina y se dieron a la teología de la alimentación. ¡Ah, evolucionarios!, mientras la postmodernidad gastronómica se regocija con la esferificación de la mortadela o los huevos glaseados con boniato, los parias de la tierra deberán conformarse con unas alitas de pollo mal fritas en aceite manipulado o con un Big Mac.

Yo, amigos míos, me quedo con los postulados del Movimiento Moderno y las vanguardias europeas y con la pasta asciutta al pesto o al pomodoro.